Recuerdo de mi adolescencia el haber visto una de esas películas americanas con pretensiones moralizantes en la que el protagonista, creyendo que alcanzaría el nirvana, consigue, no me pregunten cómo, tener rayos X en los ojos.
Creo recordar que se llamaba, como es lógico, "el hombre que tenía rayos X en los ojos".
¡Qué original, no?.
Bueno, lo mejor del bodrio era el final. Por dos motivos.
Uno porque se acababa la película.
Y el otro, porque el protagonista, atormentado porque los efectos secundarios de las gafas que se ponía para poder ver a las señoras en braga-faja de cuello de cisne, acaban por trasmitir la facultad de ver las interioridades de las titis a los ojos mismamente.
El resultado fue que, entre delirios auditivos en los que se escuchaba una voz que repetía incesante:"si tus ojos te escandalizan, arráncatelos", el chico de la peli, acaba arrancándose los globos oculares.
Una potorrosis final tremebunda.
Supongo que de haber hecho la película ese coñazo cineasta, o así lo pretendía, aunque creo que lo que intentaba era martirizar al pobre espectador, que se llamaba Buñuel, hubiera aparecido un barman vestido de lagarterana, con una lagartija con collar de Swarosky, que prepararía un dry-Martini con el bumor vítreo de un ojo, y el otro como aceituna.
Cada rojo, además de ganar pasta a raudales, pretendía ganar la guerra a su manera.
¡ Qué le vamos a hacer !.
Unos construían gulags y otros hacían películas.
Bueno, pues ahora va la Jolie y dice que se va a amputar las mamellas por aquello de que sus genes le pueden provocar un cáncer de mama, y ella, previsora como ninguna, he decidido que le amputen ambas dos tetas.
Me imagino que una vez efectuado el escorrocio, la bella morruda optará por ponerse dos prótesis modelo y tamaño melón de Villaconejos para que el Pitt, o el que venga después, pueda solazarse convenientemente con el abundante material mamario.
No es nueva la moda, no.
Hubo un tiempo en el que a las primeras anginas que pillabas, el otorrino, trincaba un artefacto salido de una mente más propia de la tortuosa mente de Torquemada que de un médico del seguro, daba las órdenes precisas al celata y éste envolvía al pobre chiquillo en una sábana, dejándolo como un remedo de un faraón de la séptima dinastía a medio embalsamar, y le arrancaba las amígdalas de un tirón.
Y se acabó el problema de las anginas coñazas y los febrones de 40.
Medicina preventiva y curativa, a la par que instructiva para el tierno infante, ya que le preparaba para el puteo que la vida le reservaba en el futuro.
Seguro que son los que mejor han sobrevivido a Zapatero y Mariano, seguro.
Pero como siempre, los yankys son los más de lo más, y preconizaron la intervención preventiva de apendicitis, especialmente para aquellos que hacían travesías por el océano, y gente similar.
Pero ahora llega la Jolie y riza el rizo de la gilipollez congénita, porque sus genes ya podrían haber haber producido un cerebro en lugar de la posibilidad de un tumor de tetas.
Pues mira por donde, la suripanta me ha dado una idea que le voy a proponer a la Consellería, o mejor, al Ministerio.
Veamos un listado, que puede ser debidamente ampliado hasta el infinito.
Para evitar el gasto en antidepresivos, ansiolíticos y demás psicotropos, cada vez más prescritos para calmar los nervios causados por el paro y los impuestos, menudencias al fin y al cabo, se hace una lobotomía prefrontal transorbitaria, técnica sencilla y eficaz donde las haya, "e tutti contenti".
Felicidad a raudales y barata.
La artrosis que vuelve a los ancianos en ávidos consumidores de ibuprofenos y similares se va a acabar, como el frotar con Wipp expreeeeeeees.
¿Que cómo?.... sencillísimo.
Se amputan las cuatro extremidades, suponiendo que no se las hayan comido ya los hijos y nietos para paliar el hambre provocada por la dichosa crisis, y se acabaron para siempre los dolores.
Además, como entre el hambre y el adelgazamiento provocado por la miserable limosna en que se han convertido las pensiones, han reducido a esas ávidas criaturas consumidoras de laxantes, analgésicos, antidiebéticos, antihipertensivos y antitodo, en bultos de escaso peso, una vez libradas de esos penosos apéndices corporales llenitos de artrosis, se les puede trasladar de un rincón de la casa a otro con escaso esfuerzo, y colocándoles unas florecillas en la chepa quedan más monos que un jarrón de esos que te regalan en la boda, con un dibujo de una diligencia atacada por los indios (existen, doy fe).
Como el chico de la película, también se les pueden extirpar ambos dos ojos, y además los dos oídos, y no veas lo que se puede ahorrar en visitas al oftalmólogo para graduar la vista, operar de cataratas y tratar los glaucomas, además de los gastos que suponen el quitar esos asquerosos tapones de cera, que los hay que tienen hasta un bicho fosilizado dentro, como esos insectos que hay en el ámbar del pleistoceno.
Así que, señora Ministra, ya tarda en erigir un monumento a la Jolie.
Y de paso se hace usted una boina con una de las tetas amputadas de la Jolie, se coge del brazo de Cristobalito...
Y se hacen una foto.
Bonnie Mato & Clyde Montoro.
Arriba las manos, esto es un impuesto.















