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Las casualidades en política no existen. Y si se produce alguna, es que está cuidadosamente preparada.

Después de haberse zampado unos cubatas, la mujer se da la vuelta, mira al hombre fijamente a los ojos y le dice:

"Oye, quiero decirte algo, yo jodo a cualquiera, en cualquier momento y en cualquier lugar, su casa, la mía, en el coche...no me importa. Simplemente me encanta.

El tipo, con una sonrisa de oreja a oreja, responde,

"¿En serio?, ¡yo también soy político!...¿a qué partido perteneces tú?

SALVEMOS AL TIO PEPE

SALVEMOS AL TIO PEPE
SALVEMOS AL TÍO PEPE.

viernes, 20 de enero de 2012

PUTA LA MADRE, PUTA LA HIJA, PUTA LA MANTA QUE LAS COBIJA

Que España, nuestra querida España, nuestra maltratada España, nuestra arruinada España, nuestra denostada España, nuestra vilipendiada, por propios y extraños, especialmente por los propios, España, se ha convertido en un lupanar de putas de la más baja estofa; en un estercolero donde hoza toda clase de gorrinos, marranos, cerdos, cucarachas y ratas de todos los pelajes; donde campan por sus reales toda clase de bandoleros, ladrones, asaltacorrales y robaperas de toda la gama de bandas rastreras, conocidas popularmente como partidos políticos, es un axioma tan inamovible como la Ley de la gravedad o el teorema de Pitágoras.

Pero hay dos hechos inexplicables, al menos a la luz de la ciencia actual, que por mucho que estrujemos nuestras neuronas, sometiéndolas a un trabajo de esfuerzo similar al de la recolección de algodón por los negros de Alabama, jamás llegaremos a comprender en toda su magnitud.

Uno sería comparable al milagro de la multiplicación de los panes y los peces, pero tan a lo bestia, que haría parecer a Jesucristo como un aprendiz de brujo, comparado con lo que sucede en nuestra patria, solo que al revés.

O sea, que vendría a ser como el toque del Rey Midas pero que en lugar de convertir lo que tocaba en oro, convirtiera ese mismo oro en mierda, pero sin que dejara de ser oro.

Y eso merece una explicación.

España ha conseguido ser el Imperio más grande que vieran los tiempos. Y cuando uno tiene un Imperio tan extenso, sacando oro y otras minucias semejantes de todo el orbe, además de estrujar como a una esponja a todo bicho viviente de medio mundo, lo normal, lo lógico y lo natural, es estar podrido de pasta, por mucho que los ingleses, piratas de nacimiento y condición, te robaran en los procelosos mares.

Pues no.

Ya Felipe II consiguió arruinar varias veces la economía española. Y eso que no había en aquel entonces tanto producto financiero donde ocultar pútridos e infectos negocios.

Cierto es que allá donde íbamos, nos pasábamos guerreando durante generaciones, posiblemente, además de porque les invadíamos, por algo relacionado con las féminas lugareñas. Y más concretamente por los astados de sus cónyuges.

Pero no es menos cierto que si sableas, y no precisamente con la espada, a los lugareños, ya puedes pasarte toda la vida gastando en luchas, que al final, o acabas con más panoja que al principio, o algo huele a podrido.

Como ejemplo paradigmático, el Gran Capitán y sus cuentas más propias de la Junta de Andalucía que de un dedicado militar español.

Vayamos por partes, si hay que curar, se cura, pero por mil doblones no agacho yo el lomo.

Porque bien está que hayas conseguido un Reino. Bien está que te hayas dejado la piel en el envite (aunque a los que capitaneaba, se dejaban algo más y por menos), pero eso de venir a decir que en picos palas y azadones te gastas lo que te sale de allí, de ese sitio que por consonancia se adivina, no tiene un pase, ni siquiera de los que de quinquenio en quinquenio da Curro Romero.

Pero ya marcaba la tendencia.

El otro vendría a ser como el misterio de la Santísima Trinidad, pero en diecisiete.

O sea que tampoco ahí Dios tendría el liderato en cosas milagrosas, porque conseguir que diecisiete territorios sean uno, pero a la vez no lo sean, pero sí lo sean para pedir, pero no para gastar, tiene cojones.

Y gordos, muy gordos, enorrrrrrmes, diría yo.

La cuestión ahora es ver quién es la más puta.

Si el contrario que gastó pero no dijo. O el propio que también gastó y tampoco dijo, pero que el primero sabía pero no dijo al segundo que debía saber porque era su amigo, pero con tal de joder al primero no lo dijo. O el que el calló lo que sabía pero ponía cara de saber y no decir. O el que viendo la cara del primero sabía que no quería decir, pero se lo imaginaba, pero no podía decir porque no se lo habían dicho.

¿Y quién es la más puta?, ¿la que gastaba en sus compañeras de profesión y en toda clase de sustancias "esputefacientes"?, ¿o la que sabiendo no denuncia porque sus putillas también gastan en lo mismo, o lo piensan hacer?.

¿Quién es más puta?, ¿la que gasta sin fin y oculta lo que se gasta, esperando poner en un brete insoluble a los contrarios, sabiendo que al final, a quién arruina no es al contrario sino a todos los que no forman parte de la casta?¿o la que pretende meter en la cárcel a los que derrochan a manos llenas, y sin embargo pone a la zorra al frente del gallinero para meter en la cárcel a los delincuentes que él mismo encabeza?.

¿A mí mismo me voy a meter en el trullo por siete mil millones de ná?

Porque al final de toda la historia, tan puta es la una como la otra, y tan puta es la manta de impunidad bajo la que todos se cobijan, como los que buscan acomodo bajo ella.

Y como siempre, al fin y a la postre, se resume en encontrar el precio.

Si es barato, todos son honrados.

Pero "un altra cosa" es si el precio es alto, y ahí me viene a la cabeza una anécdota de, creo, Óscar Wilde (aunque todo se le atribuye a él).

Resulta que se encontraba en una cena, sentado al lado de una señora de, (como diría Cela), muy buen ver y mejor palpar.

Pasado un rato, se dirigió a la dama en cuestión, y ni corto ni perezoso, le espetó:

-Señora, ¿usted se acostaría conmigo por un millón de dólares?. Ésta, ruborizándose como solo saben hacer las señoras que, o van para putas, o lo son ya con sobresaliente cum laude, respondió:

-Bueno, pues sí. Osea, lo que se puede traducir por: ya tardas en sacártela mamón.

A lo que D. Óscar añadió:

-¿Y por un dólar?.

La presunta dama y seguro putilla se revolvió como la víbora que era y respondió ofendida (por aquello del precio):

-Oiga, qué se cree usted que soy.

La respuesta del genial escritor no se hizo esperar, ni pudo ser más elocuente en tan pocas palabras:

-Señora, lo que es usted ya lo sabemos, ahora lo que falta es saber el precio.

¿Un 3 por ciento quizá, señorías?.

13 comentarios:

  1. Cojonudo y rocambolesco post, Capitán.

    A decir verdad, putas o putos lo somos todos, por consentir ejerciendo como tales para beneficio de nuestros chulos, los que gobiernan el putiferio nacional.

    Lo bueno sería que en contrapartida, ofreciésemos a nuestros chulos una ración doble de ladillas rabiosas de esas que se incrustan en la cojonera y te absorben la sangre a espuertas.

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    1. Querido José Luis, y a poder ser, que las ladillasno hayan lavado los dientes, a ver si así el sarro les carcomiera los pelendengues. un abrazo.

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  2. Ahí está la question Capi, en el precio. Porque sabido es que todo quisque dedicado a las cosas de "servicio común y por el bien de todos", es puta por vocación y es necesario saber a cuánto ascienden sus servicios.

    Los romanos eso lo sabian muy bien y también reolver : dejaban que robara cada quien lo que quisiera hasta que necesitan de sus servicios y entonces lo chantajeaban.

    Franquito, se dice, que sabía por dónde fallaba cada uno de su innumerables ministros y los dejaba hacer. Según él, todos tenían problema o con la bragueta o con la cartera, y en el momento adecuado se lo decía al interesado que se quería quitar de en medio.

    Por tanto, ya sabemos, por mucho que juren en todo tipo de idiomas, que los dedicados a la cosa del "servicio a la patria", salvo los milicos y porque no pueden hacer nada, son vocacionales de convertir lo público en privado.

    Podriamos denominarles de "privatizadores" pero con títularidad siempre única.

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    1. A mí, una cosa que me toca los dídimos es esa frase de: lo hacemos por vocación de servicio público, que debiera convertirse, para ser cierta en : vocación de "ser vicio púbico".
      Un abrazo.

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  3. Es que lo de meter la mano en la caja.es como nuestro deporte nacional.No se libra ni Dios y nunca mejor dicho.un saludo.

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    1. Eso es lo que traducen los politicastros como: "España es de izquierdas".

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  4. "Su mujer no es puta... Es re-puta", que diría Torrente.
    La política es una gran obra de teatro, Capitán. Hace unos meses, todos tras la pancarta de los indignados pidiendo responsabilidades penales a los despilfarradores. Ahora, todos ponen el grito en el cielo ante el globo sonda...
    ... para, como bien dices, no hacer nada ni aprobar nada.

    Además, ¡si el dinero público no es de nadie!

    Un abrazo, Capitán.

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    1. Hombre claro, porque a lo mejor también ellos irían al trullo por trincar del dinero público sin justificarlo.
      Una cosa es bramar para joder y otra querer que se haga justicia.

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  5. Por esto es que no hay que casarse con nadie, que les jodan. Mira Valencia y Murcia, Madrid capital arruinadas hasta las trancas. En ciertas cosas son todos iguales. Tenemos que terminar con la impunidad y las condenas de pega --cuando se producen--. Si roban y tienen muchas formas de hacerlo el 3% solo es una, las ong de familiares y amigos es otra, el descontrol de subvenciones a otros países es otra etc. Al Talego, nada de inhabilitación, al trullo como todo hijo de vecino que se apropia de lo ajeno que coño.
    Saluditos.

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    1. ¿Qué me vas a decir de Valencia?. ESpero ansioso la nómina de Marzo, donde nuestros preocupadísimos próceres meterán, otra vez, la zarpa para llevarse otro bocado.

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  6. Si el código penal contemplase no sólo la cárcel para aquellos que hayan malversado caudales públicos o despilfarrado de manera inconsciente y alejada de los códigos de buen gobierno, otro gallo nos cantaría.
    Eso, y la imposiblidad -por inhabilitación- de volver a optar a ningún otro cargo público.

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    1. A la puta miseria de recoger comidas de los contenedores, ellos y sus familias. Y su sueldo para los parados.
      El castigo ejemplar y desproporcionado es lo único que entienden.
      Un beso y ánimo.

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  7. ¡Caramba! Menudo repaso. Entiendo porqué el amigo Tellagorri le ha hecho merecedor de su premio anual. Le sigo caballero. ¡Voto a brios!

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