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Las casualidades en política no existen. Y si se produce alguna, es que está cuidadosamente preparada.

Después de haberse zampado unos cubatas, la mujer se da la vuelta, mira al hombre fijamente a los ojos y le dice:

"Oye, quiero decirte algo, yo jodo a cualquiera, en cualquier momento y en cualquier lugar, su casa, la mía, en el coche...no me importa. Simplemente me encanta.

El tipo, con una sonrisa de oreja a oreja, responde,

"¿En serio?, ¡yo también soy político!...¿a qué partido perteneces tú?

SALVEMOS AL TIO PEPE

SALVEMOS AL TIO PEPE
SALVEMOS AL TÍO PEPE.

sábado, 24 de marzo de 2012

A LA PESOE VOTARÁS Y FELIZ EL CULO TENDRÁS.


Desde que, creo que el jueves, escuchara a la Valenciano lanzar sus diatribas y admoniciones a las potenciales votantas andalusíes, estaba yo que no comía, no dormía, y es más, vivía sin vivir en mí.

 La alegría de la huerta en el momento de trasladar su felicidad interior a las masas.

Advertíame mi cónyuge, así, con tilde y sin "u" entre la "ge" y la "e", que los cavernícolas de la derecha liberal somos muy mirados con la gramática, no como los sociatas de cupo, que son más bien de cultura borroka, posiblemente para disimular el hecho cierto de que no pudieron desasnarl@s en la escuela por más que lo intentaran hasta la extenuación; bueno, pues advertíame mi cónyuge que, de seguir con esa desazón, me llevaba de cabeza a la Unidad de Agudos Psiquiátricos del Hospital para iniciar la terapia de pincho de Trankimazín y caña de Risperdal.

Y es que es muy duro escuchar, así, sin anestesia, sin sedación de terminal y sin cadenas antitemblores, que si no votas a los sociatas, eres el culpable de la infelicidad de las féminas.

Había llegado a comprender que dejar tirada a la señora para irte al fútbol con los amigotes, no era bueno.

Podía entender que pegar los mocos en la parte inferior del tablero de la mesa (previa prospección nasal furibunda, hasta rascarte de paso la hipófisis) no era apropiado.


Variante virtuosa del comemocos. De depuradísima técnica, especialmente apropiada en tiempos de crisis. Su lema: el moco es sano, protege más que el Omeprazol.

Es lógica la advertencia de que levantar el anca y soltar un trueno aromático, de esos que haría huir a una manada de mofetas con gastroenteritis, cuando tienes invitados y a los postres de la cena de Navidad, digamos que no es lo apropiado.

Es comprensible que no resulte edificante la visión de un macho en gallumbos extrayéndo los restos interdentales del embutido recién ingeridos, hace tres días, con una fruición digna de un equipo de prospecciones petrolíferas de Repsol.

Y así tantas y tantas feas costumbres que de los machos ibéricos han conseguido erradicar sus pacientes (a veces), esposas, parejas, queridas o arrejuntás.

Hasta ahí, vale.

Pero eso de que por votar a alguien que no pertenece a tu jarca, pandilla, cuadrilla o partida de salteadores de caminos, canales y/o puertos, te pueda llevar a la ausencia absoluta de felicidad, era algo que atormentaba mi alma.

Doctor Capi, le veo a usted distraído, advierto en su faz un sufrimiento impropio de su alegre carácter, de su dulzura natural, vamos, que no es usted; se preocupaban mis pobres pacientes por la salud de mi alma, en justa correspondencia por mis desvelos para con su salud.

Y es que no era para menos.

Qué tormento, que sufrimiento interior, que dolor corroía mi alma.

Tal es así, que en una de mis peores pesadillas, de mi ya dilatada existencia, llegaba a subir a un púlpito en un mitin erectoral, y llegaba a amenazar a los seguidores del jeque Arenas (no me dirán que no se parece a Rodolfo Valentino en aquella muda producción de la Paramount), que si no votaban a Griñán, llorarían lágrimas de sangre y ya jamás podrían dejar de tomar Prozac como el que come pipas.


Si me das tu voto, cordera, te hago un repaso de anginas que se te va a caer el tanga.

Y es que si tú, mujer andaluza, no votas a la pesoe, jamás llegarás a ser como esa morena que pintó Julio Romero de Torres, insinuaba la Valenciano.

 Si a Griñán no votarás, jamás como esta serás.

Pero lo que es peor.

Lo que se puede convertir en un trauma imposible de solucionar, ni siquiera por un congreso de psiquiatras argentinos, es que jamás, repito, jamás, en tu puñetera vida, te podrás convertir en Mercedes Milá.

Jamás conseguirás llegar a ser, como ella, aristócrata y roja. Rica y roja. Desagradable y roja. Fea cual pegar a un padre con un calcetín sudado y roja. 

O sea, todo lo que caracteriza a un sociata español.

Pero sobre todo, no podrás, mujer andaluza, si no votas a la pesoe en las andaluzas de mañana mismo, conseguir que te toquen las tetas como a la Milá (o lo que quiera que haya debajo del vestido), ni, sobre todo,  enseñar el culo con la gracia y el donaire que proporciona su doble condición, la de su aristocrática cuna (aunque creo que andan inyectando valium a mares en las tumbas de sus antepasados para que no salgan a comerle los mondonguillos ahora que se ha puesto de buen siglo), y la de sociata de pro, o Mediapro, o Berluscopro, con el desparpajo que ello proporciona.

Y por ello deberás dar gracias a Dios todos los días de tu vida.

 La Milá explicando el chiste de Wenceslao. O esperando al senegalés.

P.D.: Creo conveniente explicar el pie de foto, para no volver loco al lector. Esto es un señor que acude a una oficina de Correos (antes estafeta, ahora ya no, para no confundir con una sede del PSOE), y dice al probo empleado: Verá usted (ahora se suele decir "oye tío"), yo quería poner un telegrama, pero como no sé escribir, le rogaría que me lo rellenara usted. Faltaría más, contesta el empleado, aunque ahora se lleva más lo de: "que se lo escriba su hijo, a ver si te crees que yo estoy aquí para que me toquen los cojones (sea funcionario o funcionaria, que es un logro que han conseguido con la igual-da), ¿no te jode la agüela de las pelotas?". 

Bueno, pues eso, que el funcionario se pone a la faena y le pregunta al señor por el texto, y éste, como es natural, le contesta: Ponga, ponga, "Wenceslao, eres un maricón".

El funcionario, impertérrito, pero azorado ante la duda que un lapsus de memoria le provoca, demanda al ciudadano: ¿perdóneme usted, cómo se pone Wenceslao?, refiriéndose, evidentemente a la ortografía del nombre propio.

Pero el ciudadano, confundido, seguramente por no poder apartar sus pensamientos de su amado Wenceslao, responde al funcionario adoptando la pose de la Milá: "Wenceslao se pone así".

6 comentarios:

  1. Qué pena que no le viniera, por detrás, el típico "grasioso" preguntándole a la venerable anciana: ¿Es ésta la parada del autobús..?
    ;)

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    1. Pues como la agüela se agarre a la barra....

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  2. Ingenio a chorros, Capi. Pero tengo la impresión de que la postura que adopta el "Wences" es la permanente ultimamente de los chicos y chicas de Rajoy. Suspicio.

    Esa mameluca de la Milá ni es aristócrata ni rica ni sociata. Más bien es VIEJA con furor uterino y lo lleva muuu mal.

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    1. También, también,, Don Tella. También los Rajoyanos doblan con maestría la columna entre la quinta lumbar y la primera sacra. Y de vez en cuando se encuentran con algo que llevarse a la boca.
      Un abrazo.

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  3. Es que todo desprende grima...
    Lo de Valenciano pidiendo el voto a las mujeres andaluzas para el PSOE para que de esta manera, no pierdan la "libertad", es de lo más patético y desesperado que se ha oido en esto último tiempos junto a las deposiciones de Mister X hablando de "conspiración en la caverna" en el tema de los EREs.
    Pobre abuela...

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  4. La Valenciano y la Milá confunden el culo con las temporas. La Milá no hizo un calvo, es que ya es un calvo, un calvo guarrete que se hace de todo en la playa y ahora cualquier día en los platós. Eso si no deja fumar el de después salvo que sea de Kethama, privilegios de ser roji-rica.
    Saluditos.

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