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Las casualidades en política no existen. Y si se produce alguna, es que está cuidadosamente preparada.

Después de haberse zampado unos cubatas, la mujer se da la vuelta, mira al hombre fijamente a los ojos y le dice:

"Oye, quiero decirte algo, yo jodo a cualquiera, en cualquier momento y en cualquier lugar, su casa, la mía, en el coche...no me importa. Simplemente me encanta.

El tipo, con una sonrisa de oreja a oreja, responde,

"¿En serio?, ¡yo también soy político!...¿a qué partido perteneces tú?

SALVEMOS AL TIO PEPE

SALVEMOS AL TIO PEPE
SALVEMOS AL TÍO PEPE.

martes, 10 de julio de 2012

!!!PAGAD, PAGAD, MALDITOS.!!!

Vienen a mi memoria, cosa posiblemente de la edad, que te hace recordar cosas pretéritas, mientras que olvidas donde has dejado las llaves hace dos minutos, recuerdos de aquellos inicios del ejercicio de la medicina, cuando tan kamikaze era el médico recién terminado, como temerarios los que se atrevían a acudir a consulta en busca de remedio a sus males, a la consulta de un bisoño galeno que, con más valor que el Guerra (el torero, no el "henmano" de su "henmano"), se enfrentaba, en dos horas, a 150 miuras, vitorinos y pablorromeros, que entraban en el ruedo de la consulta derrotando, resoplando y, en resumen, pidiendo, siempre pidiendo.

Recuerdo con especial cariño (ser cínico es algo que se aprende con el tiempo), mis peripecias en el pueblo de España con más Ferraris, Mercedes y Lamborghinis por habitante, de España: Elche, cuyos habitantes reciben por parte de los alicantinos capitalinos el cariñosísimo apelativo gentilicio de "pavos" y a cambio ellos nos tachan de "alicantinos, borrachos y finos".

Cosas de la rivalidad. 

Nunca debiste cruzar el Vinalopó, forastero, decían con la mirada los que entraban a la consulta con la misma aviesa intención que Ali-Babá cuando entraba en la cueva acompañado de sus cuarenta afiliados de la  protopesoe.

Cierto es que cuando mirabas aquella cartilla del seguro, donde no necesitabas ser un ordenador para leer todos los datos del pedigüeño o pedigüeña (los pedigüeñes todavía estaban metidos y bien metidos en el armario ropero, a pesar de haber llegado al poder el progrerío, que eso de reconocer que eran maricones estaba muy bien si lo hacía el vecino, pero como se lo preguntaran a ellos te montaban la de Dios es Cristo), más de la mitad habían nacido en cualquier lugar de la entonces todavía España, pero algo debe flotar a modo de miasmas en todos los rincones de la piel de toro (hoy más bien de manso), que hace que crezca ese espíritu de charnego tan apreciado por los nacionalistas.

Pero pasado ese primer momento de recelo hacia el forastero, "deforero" en dialecto santapolero (otros enemigos acérrimos de los "pavos"), ya podías apreciar en los ojillos semientornados y codiciosos de las marujas pedigüeñas, mientras a duras penas podían contener la desbordante marea de babas que pugnaba por salir de sus fauces que parecieran estar hechas por Montoro (antes se decía que por un fraile), que su ansia demandante de remedios, pócimas y demás preparados de la farmacopea, iba a fraguarse en un listado más parecido a la guía telefónica de Nueva York, páginas amarilla incluidas.

Y así era, que ojo clínico nunca me ha faltado, modestia aparte.

¿El resultado?, que en dos horas la cantidad de papel recetario era de tal cuantía que casi podías oír los gemidos de pavor de los árboles de la amazonía y sentías vibrar a tus pies el fragor de las cataratas de tinta que dejarían a las del Niágara  al nivel de un grifo de la bañera de una comuna del 15 M, o sea, seco

Y entre gemido y gemido de las articulaciones de la muñeca, derecha por supuesto, exhausta y dolorida de tanta firma y tanta prescripción, podías oír peticiones tan graciosas y peregrinas, pero de una indubitable practicidad como:

  • Mire doctor (y sentías como tu pecho se henchía de un bien ganado orgullo: ese soy yo, sí señor), póngame (hasta escrito se percibe el énfasis y el sentido imperativo) dos botellas (porque no había garrafas ni toneles), de Lindemil, que van muy bien para limpiar el santo. Sí, sí, han leído bien, la buena arpía pedía ese limpiador de bajos, de la cueva del refocile, para limpiar el santo que, de casa en casa, circulaba para pedir milagros y sanar cuerpos dolientes. Y añadía, para que no cupiera duda de su buena intención, mitigadora del saqueo: lo deja muy reluciente. 
  • O esa otra bruja coruja que te pedía, muy seria y circunspecta Synthol, una especie de alcohol mentolado para hacer enjuagues bucales, en el supuesto caso de que sus fauces sarrientas y halitosas hubieran conocido otro limpiador en su vida que un palillo, aunque estuviera usado (y si era con sabor a anchoa, mejor), o alguna de sus uñas, con esa delatora línea negra que con habilidad de orfebre retiran con otra de sus pezuñas, para después con certera puntería lanzaban al ojo del cuñado distraído. Y añadía con ese orgullo de ama de casa obsesiva compulsiva: con el synthol y frotando con papel de periódico (recogido de alguna bolsa de basura de un vecino ilustrado), se quedan que parece que no haya cristal. Me juego el cuello que era porque así podían dotorear  mejor a las guarras de las vecinas, a ver si tenían la casa con más apetitos de ganchillo que ellas.
Les juro por mis muertos, que cada vez son más, que esas anécdotas son ciertas.

Bueno, pues parece que, salvando las distancias de tiempo y productos, felizmente para el Tesoro Nacional retirados de la circulación esos remedios, se prepara otra andanada de recortes, y he de reconocer que, aunque yo también deba pagarlos a partir del primero de agosto (supongo que en esa fecha, porque como les digo a mis queridas sanguijuelas cartilleras,  yo también me entero por la prensa), a partir de entonces, voy a disfrutar como un enano (cosa que jamás he entendido, porque supongo que los cortos de talla disfrutarán como todo el mundo), y me voy a regocijar, babear y casi vomitar de puritito gozo, cuando tenga que decir a la sabandija petitoria de turno: "lo siento doña suripanta, eso ya no entra en el seguro", si tiene el ojo seco, aproveche para usarlo como estropajo de cocina, y si no tiene lágrimas suficientes, mire su cartilla del banco de vez en cuando y descubrirá que la capacidad de sus glándulas lacrimales es casi infinita.

O cuando vengan a pedir un laxante y les pueda decir con la libertad que da el decir verdad: "¿y no le laxa suficiente el porculo que le está dando el gobierno?, pues eso y leer cada día la sección de economía le puede dar una diarrea que ríase usted de los ríos de Babilonia.

O cuando te dicen, así como displicentemente y como el que no quiere la cosa: "mire, póngame una cajita de ibuprofeno, que es que no me queda casi (hay que aclarar que el "casi", es una medida del gremio del cartillero que viene a equivaler a siete cajas y una cuarta), y me gusta tener siempre en casa "por si acaso". De nada sirve que le digas: pues a mí lo que me gusta es tener en casa un buen fajo de billetes de 500, porque te miran sonriendo, con esa risa floja de hiena, y te dicen: qué cosas tiene usted doctor, y se quedan esperando a que le des a la tecla.

O cuando te dicen, tras recetarles una cajita, de cuarenta pastillas, de paracetamol, no sea cosa que no les dure hasta el día del juicio final: ¿y no me va a recetar un protector gástrico?, a ver si me va a salir una úlcera. Claro que no les puedes decir que una úlcera, que les puede corroer hasta la suela de los zapatos, les va a salir como les caiga encima una gota de la bilis que te llena todo tu ser, tras comprobar que te han vuelto a bajar el sueldo por tercera vez en este año y amenazan con quitarte la extra (será porque es franquista).

Tampoco falta el especimen vejestorio que te pide, y ya juro por todos mis antepasados, hijos y demás familia que es cierto,  entre sollozos contenidos, cada semana, un kilo de algodón, en rama, que si no no vale, porque tiene una almorrana que le sangra que parece que tenga la regla, y así se hace un almohadillado fetén, porque a ella no la operan, que su culo es suyo y no se lo enseña a nadie.

Bueno y no sigo porque me caliento y no paro, y el ordenador me tiene que durar.

Así que ya lo saben, a primeros de agosto entra en vigor la cartilla de racionamiento, así que si quieren conservar la vida y la cordura, aléjense de la puerta de los centros de salud, porque va a ser menos peligroso cruzarse en el camino de una manada de ñues  enloquecidos en plena migración, que encontrarse a un pensionista saliendo del ambulatorio y decirle buenos días doña María.

El que avisa no es traidor.

Doña Suripanta en pleno ataque de ira al comprobar que ya no tiene gratis 35 de los 95 medicamentos que precisa "sin falta" para ese dolor de cadera, que no sabe por qué le atormenta a sus 85 años de nada, cuando a los 25 no le dolía nada.

7 comentarios:

  1. Leches, capi, me siento aludida con eso de las gotas para los ojos, ahora que me dice mi oftalmólogo que tengo inicio de cataratas y me recetó Viscofresh. La verdad, eso de sacarlo de la cuenca y usarlo como estropajo... no me mola nada. Lo que no entiendo es que si tengo "cataratas" ¿para que tengo que regar el ojo?

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  2. Es mucho más equitativo el criterio de renta que el de edad, pero ya sabemos lo que gusta este país nuestro del jipío y el victimario..."es mejor de pedir que de robar, daamee aaalgoo paayoo", etc, etc, así que entre los de arriba y los de abajo poca solución le veo al cotarro.

    (Que no te pase ná)

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  3. ¿Me pones una de Kilor con rovellons?

    Es que es un antojo...
    :P

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  4. A partir de ahora todos los blogs pertenecientes al Grupo Rebuznómetro están en el siguiente enlace: http://gruporebuznometro.blogspot.com.es/
    Un abrazo.

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  5. Que bueno, Capitán!
    Parece cosa de chiste, pero sé que es verdad.
    Te cuento una anécdota que sucedió un día de lamentos cualquiera. Mi abuela, de 80 y tantos años, no paraba de quejarse... que si tiene tos, que si no se puede levantar, que ha perdido el apetito, le duele la espalda, la cadera, la cabeza, la mirada... Todas esas cosas, vamos... y mi madre, hartita de la saeta del ruiseñor, se encabritó y le soltó un... "Madre, ¿qué es eso de tanto quejarse? Jamás los abuelos han tanido tantas atenciones como tienen hoy en día... y nadie, jámás, volverá a tenerlas. Ni yo, ni su nieto, ni nadie".

    Se acabó el lamento... por ese día, claro.

    Un saludo, doctor. Que nos sea leve.

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  6. Querido amigo el que avisa no es traidor es avisador, como el que va con un cojo al año "cojonudo"
    He leído tu articulo y estoy aun mareado y cansado de todo lo que cuentas, con un fondo maligno y despiadado.
    ¿No sabes que te iras al infierno de haya abajo? Hombre de poca fe.
    Como esta el patio amigo mio, entre lo que de verdad esta y lo pesado de todo el mundo en afirmar que esta, no se a donde meterme.
    Pues bien aun asi yo tengo fe y en breves meses veremos el horizonte pese que a muchos o algunos no les guste.
    Un abrazo

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  7. Jajaja, cuanta certeza en tu artículo. Es cierto todo lo que en él relacionas y puedo decir sin temor a equivocarme y sin ser galeno que es una lacra extensible a todo el territorio nacional. Yo mismo, con mi mujer a 40 de fiebre y el alma a los píes nos tuvimos que esperar a que tres buenas señoras, de esas que no tienen otra cosa que hacer en toda la mañana que marujear y cotillear, pasaran a recoger sus recetas, las de la vecina y a juzgar por lo que tardaron para todo el vecindario. Si al fin y al cabo se corrije ese desmán, bienvenido sea el recorte en papel de receta.

    Un saludazo.

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