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"...una nación bajo Dios, indivisible, con libertad y justicia para todos." (CONSTITUCIÓN DE LOS EE.UU)

Se puede engañar a algunos todo el tiempo y a todos algún tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo.
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Las casualidades en política no existen. Y si se produce alguna, es que está cuidadosamente preparada.

Después de haberse zampado unos cubatas, la mujer se da la vuelta, mira al hombre fijamente a los ojos y le dice:

"Oye, quiero decirte algo, yo jodo a cualquiera, en cualquier momento y en cualquier lugar, su casa, la mía, en el coche...no me importa. Simplemente me encanta.

El tipo, con una sonrisa de oreja a oreja, responde,

"¿En serio?, ¡yo también soy político!...¿a qué partido perteneces tú?

SALVEMOS AL TIO PEPE

SALVEMOS AL TIO PEPE
SALVEMOS AL TÍO PEPE.

jueves, 9 de agosto de 2012

TEROR EN EL HIPERMERCADO, HORROR EN EL ULTRAMARINOS.

Esta España nuestra se ha convertido en un hipermercado, en un ultramarinos de los horrores, donde, a la que te descuidas, te puedes llevar de leches hasta en el cielo del paladar.

Igual te atropellan con un carrito y te soban la "jeró", las huestes del Comandante "Exprópiese", que una jauría de keniatas te mandan a la UVI a un Policía Local en Alicante.

Pero vayamos por partes, que diría Jack el Destripador.

La Explanada de España, precioso paseo, orgullo de la ciudad de Alicante, se había convertido en los últimos tiempos en una sucursal de la sabana africana, sin leones ni elefantes, si exceptuamos alguna que otra paseante, nacional o importada, que pone sus sebos al sol mediterráneo. Pero eso da colorido y da trabajo al gremio de fabricantes de sillas, aparte de divertir a la muchachada que puede asistir de vez en cuando al espectáculo, siempre hilarante de ver a una guiri dar con sus adipocitos en las teselas del paseo.

Pero como en toda sabana, no podía faltar la figura del negro keniata, senegalés o nigeriano.

Se dedicaban a la venta de todo tipo de figurillas, gafas homologadas para convertirte en José Feliciano a la que las lleves dos minutos, aunque sea a la sombra, y ropa de inigualable algodón; inigualable porque es difícil encontrar fibra alguna capaz de encoger tantos centímetros ante la cercanía del agua.

Pero por lo que costaban, tampoco te ibas a poner exquisito.

Como tampoco te ibas a poner estupendo porque te vendieran un DVD de la última película, éxito de Hollywood, y cuando la ponías en el reproductor, lo mismo podías estar viendo "La jungla de Cristal XXXVI, secuestro en el geriátrico", con Bruce Willys desmantelando una banda de nonagenarios traficantes de potitos adulterados con testosterona, que "El higo mágico" o "Pepito Piscinas".

Pero mira, la confianza mató al gato, y el mito del pobre negrito, tradicionalmente manso y simpático, se ha caído por los suelos.

Podemos estar de acuerdo en dos cosas, ambas contrapuestas, pero que te tienen el "corasón partío": la pena que da el que esos pobres negritos del África tropical, que cultivando cantaban la canción del Cola-Cao, se pasasen el día en la calle para malvivir, entre carrera y carrera cuando venían los guindillas; y la que te daban los tenderos de toda la vida que, pagando sus impuestos, veían como la venta clandestina les mermaba sus ingresos.

Ebúrneos negritos colaborando a la mejora del crecimiento de nuestros infantes.

Pero, como decía, el mito se ha dado una leche de tres pares de narices cuando uno de los Policías Locales dedicados a la lucha contra la venta ilegal, fue rodeado por 15 morenitos, y agredido con sillas y barras de hierro a las que habían adosado maderas con clavos, el sábado pasado.

Y todavía está en la UCI, mejorando, pero en la UCI. Como decía el chinito del chiste: mejodo, mejodo, pelo no del velbo mejolal.

O sea, que ya ni de los negros te puedes fiar.

Violenta represión racista de los top-manta.

Eso sí, para compensar, el juez, tras tomar declaración, tuvo que tomar la dura decisión de enviar a uno al centro de expulsiones de Valencia, porque ya había orden de largarlo con viento fresco, y al otro dejarle en libertad con cargos.

Que se le ocurra a usted darle un golpe con un ojo en la porra a un municipal, porque le discuta la legalidad de una multa por pasarse cinco minutos de tiempo en el ORA, y verá usted pasar las horas en comisaría, mientras establece una entrañable amistad con las cucarachas y otras simpáticas criaturas, al aroma embriagador de alguna meada cargada de sustancias tóxicas del manguta que ocupó la suite calabozal.

Pero no comente usted estas reflexiones en voz alta por la calle, salvo que quiera que acabemos, usted y yo, jugando al chinchón en ese mismo calabozo, por racistas, xenófobos...y gilipollas.

Y el otro tema. Ese también tiene su aquello.

Muerto ya el simpático Sancho Gracia, modelo de bandolero televisivo, inigualable intérprete del Santo Patrón de los políticos españoles, el Excelentísimo Curro Jiménez, ha saltado a la fama mundial, después de asaltar supermercados, que es lo último que le faltaba asaltar a un político, el mesiánico alcalde de Marinaleda.

Lo más divertido, con diferencia, de este episodio nacional (lástima que ya no esté entre nosotros D. Benito Pérez Galdós para glosarlo), fue un comentario por SMS en el "gato al agua", ahora que está de vacaciones Antonio Jiménez y te puedes enterar de algo que no sea su opinión, el mensaje, claro exponente del ingenio y la gracia española, tras mostrar las imágenes del asalto a Mercadona, no podía ser más clarificador, a la par que escueto.

Decía así: ESTÁN TODOS MUY GORDOS, ¿NO?.

Y es que así era.

La verdad es que mirando las imágenes tenías la impresión de estar viendo aquella escena de Mogambo en la que Clark Gable, orejas al viento y rifle en ristre, acompañado de la sensual Ava Gardner, cruzaban el río, y cientos de hipopótamos hacían hervir las aguas para trapiñarse a todo cuanto negro cayera entre sus fauces.

Y después llamaron al barbas para que diera su versión de los hechos.

De haber podido escuchar Cicerón a tan egregio orador, aparte de sentir la tentación de sajarse las venas de puritita envidia, seguro que las catilinarias hubieran sido otras, inspiradas naturalmente en el discurso del más inspirado orador que vieran los tiempos.

No faltaron en el enloquecedor discurso alusiones a la banca, a las cajas, a la prima de riesgo, a la Merkel, a Cáritas, a Zapatero, Rajoy y hasta Dios mismo, en la figura de su hijo Jesucristo.

Claro quer como le recordó una tertuliana, nombrar a Dios y no acordarse de que uno de los Mandamientos era: no robarás, pues, en fin, que tenía su guasa.

Eso sí, demostró sus dotes de Gran Mariscal de Campo, cuando, para defenderse de la acusación de cobardía por no entrar a perpetrar el robo, vamos de hacer de Capitán Araña, que embarcaba a los demás y él se quedaba en tierra, alegó razones de estrategia en la maniobra de asalto y expolio.

O lo que él llamaba "hecho puntual" y "simbólico".

También se quejaba este mesiánico "Chavez" español de lo mal que le trataba la Junta de Bandoleros porque no le daba subvenciones, claro que, como le han recordado hoy, les han dado 54.000€, pero claro, es que como él no se encarga de esas cosas, pues no sabe nada, "ya lo mirará".

También se ofreció gustoso a que los parias de la tierra, fueran a su casa a por lo que quisieran. Lo que se le olvidó, cosas de los nervios del directo, es decir la dirección de su domicilio.

Y como en el caso de los negratas fostiadores de policías alicantinos, otra vez la Justicia por enmedio.

Llévese usted unas latitas, o un fuet, y que le pille el segurata. Y dígale que es para dárselo a sus pobres hijos que pasan hambre. Y niéguese a dárselo. Y déle un empujón a la cajera.

Y despídase de los piños.

Pero con el Mesías hay que cogérsela con papel de fumar. Así que Gallardón llamó a Torres Dulce para que investigue si es posible que se cometiera un delito. 

Y los Guardias Civiles, vestidos casi de gala, explicando casi con la misma reverencia que si estuvieran hablando con el Papa de Roma, que no se puede hacer las cosas así; que está muy feo pegar a las cajeras; que sí, que ya sabemos que son un poco histéricas, pero que aun así está feo pegarles.

Y a pesar de que se veía a las hipopótamas aporrear las puertas metálicas, cerradas para evitar que la turbamulta se llevara hasta las pelusas, como en esas películas de zombies, la Guardia Civil, como decían los versos de Cervantes: miró al soslayo, fuese y no hubo nada.

A lo mejor me paso. 

A lo mejor no están los tiempos para ello.

Pero a estos les mandaba yo un apareja de picoletos, pero de los de antes, de los de tricornio, capote y Mauser al hombro.

Cuatro hostias en el cuartelillo, y asunto arreglao.

¿O no?.

2 comentarios:

  1. Completamente de acuerdo : pareja de "guardisibiles" con tricornio, mauser y bigote enorme. Asunto resuelto en media hora para varios años.

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  2. En lo referente a los negritos del top-manta, en la Costa Dorada también sufrimos dicha plaga veraniega, agravada, eso sí, con una horda de vietnamitas fisioterapeutas que, mientras te hechas la siesta tumbado a la bartola, te hacen un masaje de esos que acaba contracturándote todos los músculos que tocan.
    Y los pitufos, al igual que sucedió con la "acción solidaria del SAT", de cañas en el chiringuito del primo del concejal de turno.

    No te pasas, Capitán. Si lo miramos fríamente, te quedas corto.

    Un saludo.

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