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"Oye, quiero decirte algo, yo jodo a cualquiera, en cualquier momento y en cualquier lugar, su casa, la mía, en el coche...no me importa. Simplemente me encanta.

El tipo, con una sonrisa de oreja a oreja, responde,

"¿En serio?, ¡yo también soy político!...¿a qué partido perteneces tú?

SALVEMOS AL TIO PEPE

SALVEMOS AL TIO PEPE
SALVEMOS AL TÍO PEPE.

miércoles, 3 de octubre de 2012

PUTAS, POBRES Y PARIENTES.

Recuerdo con infinita nostalgia aquellos comienzos de ejercicio de la que, al menos a mi parecer, es, si no la más noble, al menos una de las más nobles profesiones a la que se puede dedicar un ser humano: la Medicina.

Recuerdo lo que muchos me decían: "mira, cuando empieces a ejercer, los clientes que vas a tener son los de las tres "pes": putas, pobres, y parientes".

Nada más cierto, al menos en mi caso.

Putas y pobres hasta decir basta, y parientes, bueno, los que se atrevían, que de osados  e inconscientes el mundo está lleno.

Algo parecido nos está pasando en España (iba a escribir en nuestro país, pero como eso satisfaría sobremanera a aquellos a los que la sola mención de España provoca un sarpullido, pues que les vayan dando).

Desde que España estrenó régimen democrático, esta vieja nación ha venido siendo frecuentada, para alimentar sus voraces ansias, por una pléyade de putas, pobres y parientes.

Y es justo destacar en este punto, que nada tienen que ver las suripantas que describiré, con el sacrificado oficio de las que han de soportar a viciosos insaciables, borrachos apestosos y llorones con el socorrido "es que mi mujer no me entiende".

O con los que en la vida se han visto abandonados por la fortuna y deambulan por este valle de lágrimas sin lo más indispensable para subsistir.

O con aquellos que, por azar de la lotería de la vida, nos ha tocado en suerte soportar, o que nos soporten, o tenemos la suerte de contar entre nuestros consanguíneos.

Me refiero, como ya todo el mundo se puede imaginar, a aquellos que día a día, sin que nos toquen nada, en lo que a la línea de ascendencia o descendencia se refiere, desde la vida pública y asociados, nos hacen la existencia un poco más difícil.

Dentro del apartado de las putas, ocupan lugar preferente, y a considerable distancia de los demás, los representantes de la casta política nacional.

Pertenecen a ese grupo de meretrices, cada día más nutrido, que vistiendo relumbrantes oropeles, epatan al personal con una labia envolvente, enarbolando una jerigonza, la mayor de las veces sin contenido alguno, que envuelve la neurona del que les escucha, y al que previamente se han encargado de que sus conocimientos y capacidad de raciocinio alcance unos niveles que, de medirse en grados de temperatura, haría que el cero absoluto (para las víctimas de la LOGSE -273º centígrados), pareciera un calor insoportable comparado con el que producirían las llamas del infierno.

Con su verborrea te prometen alcanzar las más altas cotas del placer, hasta llevarte a las puertas del Nirvana, mas cuando llevan a cabo sus planes, que según su satánico razonamiento iban a convertir a las gentes en una especie de felicidad con patas, descubres horrorizado que la hermosa hechicera no es más que la bruja Coruja con verruga pilosa en un apéndice nasal que haría morir de envidia al mismísimo Pinocho, y que faltan hojas en un tratado de Medicina para describir el infinito número de enfermedades venéreas que te ha contagiado.

Y creo que con esta descripción ya nos podemos hacer una idea bastante aproximada, aunque no entremos en detalles escabrosos, de esos especímenes.

¿Pobres?, ¿y qué pobres pueden ser los que nos podemos encontrar en este panorama desolador, en esta ciénaga apestosa, en este cáncer purulento?.

Pues son los de espíritu, los pusilánimes que se aferran al mal ¿menor? de estos depredadores de bienes y espíritus, razonando que no hay mal que cien años dure, si es que razonamiento se puede llamar a la cobardía de aferrarse a la bota que mientras les pisa el cuello y les hunde en el légamo hediondo, que más vale malo conocido que bueno por conocer, mientras esperan que la presión afloje y les permita coger algo de aire que les permita resistir hasta que la pezuña del guardián de las esencias les vuelva a zambullir, y así hasta que el cuerpo aguante, una expresión muy al uso de estos seguidores del Santo Job, que como ya creo que en otra ocasión escribí, según un pasaje algo apócrifo de la Biblia, al protestar a Yavé por las mil y una judiada a la que le estaba sometiendo (y que me perdonen mis queridos judíos, a los que admiro desde el fondo de mi corazón, pero no es más que una expresión popular que aquí viene pintiparada), éste, tras unos momentos de profunda reflexión, le respondió: "Job, es que hay en tí algo que me pone de los nervios".

Y es que Job, al igual que estos tibios y pusilánimes conformistas, tuvo lo que se mereció.

Y no hay mal que cien años dure, cierto, pero más cierto es que no hay cuerpo que lo resista.

Por último, tenemos a los parientes.

En tiempos pretéritos, podríamos tener como a tales a nuestros vecinos. No en vano por nuestro suelo han pasado, desde íberos y celtas, a cartagineses, fenicios, griegos y romanos, suevos, vándalos y alanos, godos y visigodos, moros, franceses, ingleses y la madre que los parió a todos, y seguro que me olvido de algunos, que la memoria ya va fallando, y siempre pasa como con los entierros en la familia, que siempre se olvida uno de alguien, que ya se encargará de recriminárnoslo, con cariño, pero sin piedad. Bueno, los olvidos y los chistes, que en los entierros es donde mejores chistes se cuentan.

Pero hoy en día, los parientes son esas sanguijuelas que, como pasa en todas las familias, especialmente con los cuñados, y las cuñadas feministas, vienen a tu casa, se te comen lo que a tí más te gusta y no tienen la amabilidad de, por lo menos, decirte que no han dejado ni la corteza del queso, para que puedas ir a comprar más, acordándote de todo su árbol genealógico aunque sea de la forma que hacen los perros, pero por lo menos comiendo queso.

Y por si faltara algo, además de comerse tus más estimadas viandas, te tocan la...moral diciendo que las encuentran sosas, que no son como las que comparan ellos, te dejan los platos sucios, y encima le dicen a tu santa que no saben como se ha podido casar contigo.

Y encima te piden dinero.

¿Les suena de algo?.

Al menos, los que yo atendía te daban las gracias.

O no te robaban.

Y así estamos, que tenemos lo que algunos se merecen.

País, paisaje y mierda de paisanaje.


2 comentarios:

  1. Si los que nos chupan la vida y la hacienda fueran como las TRES PES de todo nuevo matasanos, estariamos de maravilla.
    Al menos, como dices, son agradecidos y no abusan.

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  2. Esta claro que en esta España, siempre se ha vivido chupando la sangre al vecino.

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