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Las casualidades en política no existen. Y si se produce alguna, es que está cuidadosamente preparada.

Después de haberse zampado unos cubatas, la mujer se da la vuelta, mira al hombre fijamente a los ojos y le dice:

"Oye, quiero decirte algo, yo jodo a cualquiera, en cualquier momento y en cualquier lugar, su casa, la mía, en el coche...no me importa. Simplemente me encanta.

El tipo, con una sonrisa de oreja a oreja, responde,

"¿En serio?, ¡yo también soy político!...¿a qué partido perteneces tú?

SALVEMOS AL TIO PEPE

SALVEMOS AL TIO PEPE
SALVEMOS AL TÍO PEPE.

domingo, 25 de noviembre de 2012

CUIDADÍN PORQUE EN OCASIONES, LOS DESEOS SE HACEN REALIDAD.

Faltan menos de veinticuatro horas para que, posiblemente, se hagan realidad los deseos de una gran parte de la sociedad catalana.

Esa parte enferma de un delirio que les llevará, en el mejor de los casos, a tener que agachar los cuernos y seguir poniendo la mano en la cartera de los demás, si es que los demás nos dejamos meter la mano.

¿Y en el peor?.

Pues en el peor, peor, peor, que posiblemnte, y sin posiblemente, sería el mejor para España, tendrían su nación.

Esto de los deseos tiene su aquello, porque te puede pasar como a aquel señor que paseando por la playa vió medio enterrada en la arena una lámpara de bruñido latón.

La curiosidad le llevó a sacarla de la arena, y a contemplar admirado su moruno diseño (que solo por ese detalle ya debiera haberle hecho sospechar que nada bueno le podría suceder).

Mientras la contemplaba detenidamente, un pensamiento llegado desde el subconsciente, y que le transportaba a su infancia, llenó su espíritu de un gozo irracional mientras pensaba: ¿y si la froto y sale un genio y me da tres deseos, y me hago rico, y me transformo en un apuesto galán, y...y....y...

Y nada, pensat y fet que se dice por aquí, se dedicó con una  fruicción nacida del deseo y la avaricia a frotar convulsivamente la lámpara como si fuera otra cosa, a su edad algo más blanda.

Hasta que salió el genio, que como los españoles de los catalanes, estaba hasta las mágicas pelotas de que cada uno que pasaba por allí le pidiera tres deseos y le esquilmara hasta las pelusas del ombligo (los genios no son tan pulcros como pareciera viendo las pelis de dibujos).

Si te sale un genio con esa pinta de moro maricón, lo normal es esperar alguna putada.

Más que nada por lo del protocolo, se mordió la lengua por no mandar al enésimo gorrón a tomar por culo, y pronunció las consabidas palabras que tan felices hacían a esa piara de gorrones humanos: "Amo soy tu esclavo, pide ....(y aquí se lo pensó un instante y se dijo, ¿qué cojones, con uno va que se mata)...un deseo y te lo concederé de inmediato.

¿Cómo un deseo, pero si siempre han sido tres, exclamó airado el afortunado mortal. Bueno, eso y un: "mecaguenlaputa"; un: "tienecojonesla cosa"; un; "vaya mierda de genio, debe ser de la tienda de genios de los chinos"; y, como no podía faltar: "si llego a venir con mi mujer, seguro que hubiera dicho: "no, si ya me lo decía mi madre, no te cases con ese que es un pelagatos y un desgraciao".

Y fue al pensar en su mujer en tan delicados términos, porque no estaba con los amigotes para decir lo que realmente pensaba de ella (como defensa propia de lo que ella decía de él, que normalmente lo hacía en volumen de tirada nacional), cuando se le ocurrió la genial, nunca mejor dicho, idea.

Miró a un lado; miró al otro; miró tras de sí, y viendo que no había nadie alrededor, aparte de unos doscientos universitarios en brazos de morfeo, con las neuronas en tal estado de embriaguez que si les hacen soplar (si se consiguiera un pitorro de su tamaño) les quitan hasta el carnet de pensar (a veces), tras una de esas fiestas que celebran los jueves, y que a este paso van a tener que inventarse nuevos días de la semana para que vayan alguno a la Universidad, porque de seguir a este ritmo festero, la fiesta de fin de semana será los lunes.

Cuando se despierten de la cogorza de los domingos.

Bueno, como decía, como no vio a nadie, y pensando en su santa compañera de fatigas, a ver si así conseguía que por una vez se pusiera contenta al verle llegar, escarbó como un mihura presto a la embestida; carraspeó discretamente; hizo un gesto con la mano hacia el genio, que indicaba que éste se le acercara, y echando una última fugaz ojeada a su alrededor, a la vez que guiñaba un ojo con gesto de complicidad, le dijo al oido con voz trémula y salida de una laringe estropajosa: ¡Quiero una polla que me llegue al suelo!.

El genio, primero con una mal disimulada cara de falta de sorpresa, que inmediatamente trocó en una mueca maliciosa, mientras el demandante asentía repetidas veces, acabó aseverando solemnemente: ¡Así será, pues así lo deseas!.

¡¡¡Zas, y le cortó las piernas!!!. 

También estaba ese señor que era una de esas personas que desean durante toda su vida heredar una lujosa villa en la mejor zona residencial de España (que ya son ganas de vivir en algún sitio, habiendo como hay países civilizados), y que al recibir una carta de un estirado y conocido notario comunicándole el deceso de un lejano pariente al que conoció un día en que, por error, fue invitado a un cocktail de la alta sociedad, como digo, por error o porque como ya se habían insultado en tantas ocasiones entre si los allí reunidos, pues tenían que encontrar a algún tonto útil del que reirse, y así pasar la tarde, vio que podía hacerse realidad su deseo. 

Acudió presto y gozoso a la cita con la Fortuna con su mejor camisa y la menos hortera de sus corbatas, esa en la que los paramecios dorados sobre fondo fucsia no parecen estar bailando claqué; con la chaqueta de pata de gallo, pero sin la gorra de Pichi, que hay que dar un toque popular sin llegar al populismo chabacano; se lavó los dientes hasta que el sarro incrustado que no saltaba ni a tiros (más que nada porque la pasta de dientes de los chinos, elaborada con las cáscaras de las gambas del restaurante de la esquina, aparte de dejarte sus bigotes entre los piños, limpiar, lo que se dice limpiar, limpia poco, aunque barata sí lo es), pues saltó para dejar al aire unas desolladas encías, con un sonrosado color que hacía nacer la espranza de que quizá, y solo digo que quizá, el hueso subyacente tuviera unas semanas más de vida.

Durante el viaje en el ascensor, intentó, en vano, adaptar la cintura del pantalón a la suya, comprobando por enésima vez que la diferencia de perímetro entre el bajovientre y el prominente abdomen, fruto de la ingestión de casi tantos hectómetros cúbicos como el embalse de Entrepeñas, de cerveza checoslovaco-vietnamita del Lidle, o el Carrefour, que está riquiiiiiisima, como la Heineken y muchiiiiísimo más barata, era de algunos centímetros, siempre que el sinificado de "algunos" se aproxime a a las decenas de mil.

Así mismo, encontró la manera de cubrir, cogiendo con las manos el extremo de las mangas de la chaqueta, la falta de botones que se le habían caído hacía lustros, los mismos transcurridos desde la última boda, bautizo o comunión, a la que había acudido como invitado, y que en vano había intentado que se mantuvieran adosados a la prenda mediante el pegado con ese mejunje que los chinos llaman "cianoclilato", cuyo único parecido con el auténtico es su toxicidad, mejorada y aumentada.

Una vez que, tras mirarlo de arriba a abajo repetidamente, hasta convencerse de que lo que tenía delante no acababa de materializarse salido de una película de los años cuarenta del Madrid de la posguerra; la secretaria, una señorita de esas que quita el hipo, y otras cosas que normalmente ocupa, en forma de fluidos, el interior de ciertas glándulas, presentes tan solo en el género masculino, le indicó, no sin cierta reticencia adornada de desprecio, que podía penetrar en el sancta sanctorum del Señor Notario.

Éste, un señor de mediana edad, embutido en un traje gris marengo y con cara de hastío de tener que estar todo el día (los días para los notarios, en el más desfavorable para ellos vienen a tener unas dos horas y media de trabajo y diez más de contar su dinero, que es el de los demás) recibiendo a pelagatos como el que tenía delante, comenzó nada más pegar sus nobles posaderas al mullido sillón anatómico, ergonómico y jodídamente cómodo, a desgranar esa retahíla de la que nadie se entera hasta que le llegan las complicaciones.

Y las complicaciones para este pobre señor le llegaron unos días después cuando comenzó a recibir notificaciones: 

Una del Ayuntamiento local en la que se le comunicaba que se le acababa de embargar la cuenta corriente, mas bien vulgar y chabacana, donde tenía domiciliada su nómina (que viene de nominal, porque lo que es efectivo, nada de nada), y que ya estaba dándose con los talones en el culo para ir corriendo a anotar en la escritura de su próximamente embargada vivienda, la cantidad de...nosecuantoscientosdeeuros; o eso, o a pagar esa insustancial tasa de resíduos sólidos urbanos, IBI, vado, y todo aquello que en un futuro muy, muy, muy cercano, tuviera por conveniente imponer el munícipe reinante en pro de una ciudad más acogedora y humana.

Otra era de la Hacienda Autonómica que le indicaba en tono admonitorio que había sido agraciado con la obligación tributaria de depositar en las solidarias arcas de la Taifa unos despreciables miles de eurillos con los que contribuir al Estado del Bienestar (de los demás, porque siempre es de los demás), y que de no hacerlo, y ahora que el probo funcionario se daba cuenta de que no lo había hecho, vería incrementada su cuantía en un ínfimo 20% de recargo, más intereses, más gastos de letrados (se ve que el resto son iletrados), más lo que se les fuera ocurriendo, añadiendo a pie de carta que su imaginación no tenía límites, eso sí, con el adecuado lenguaje adminstrativo que tantas cajas de fortasec hace consumir al ciudadano tras su lectura.

De momento, lo que se les había ocurrido era eso del Impuesto de Transmisiones y Sucesiones, algo que lamentaba el Emir de la Taifa desde su púlpito en la ruinosa y arruinadora televisión autonómica, mientras con cara compungida proclamaba al éter donde habitan las ondas herzianas, que era el Estado Central el que les obligaba a ese impuesto injusto, pero que ya estaban en ello y en unos años lo arreglaban, pero de momento lo que arreglaban era el cuerpo de sus siervos.

Por último, al menos en esa remesa de magníficas noticias, llegaba la temida notificación de la Agencia Tributaria, que te los pone de corbata cuando la recibes porque, aunque sea para decirte que te devuelven dinerito (en el mejor de los casios seis meses después, y sin intereses de demora, y si los hay es de un 4 ó 5%, y no del 20 como el que te aplican a tí), y que le comunicaba que:

  1. Como quiera que no había devengado los justísimos y nunca bien ponderados impuestos autonómicos; que en tiempo y forma se le había comunicado su obligación de tributar (tiempo y forma que consistía en cinco minutos antes y por el mismo cartero que le daba a firmar el recibí de esta agradable noticia).
  2. Y como quiera que ya se había pasado cinco minutos desde que expirara el plazo para hacer efectivo el importe de la cantidad adeudada a la Hacienda Autonómica por Sucesiones y Donaciones y la paralela de la Hacienda nacional por el incremento del patrimonio, procedían al embargo de todas sus cuentas, y que como estas consistían en una mierda de cuenta ya embargada por el Ayuntamiento (aunque el banco, en un ejercicio de sarcasmo y mala leche la calficara de respetable y admirada y no sé cuantas mentiras podridas más), procedían al embargo de todos sus bienes presentes, futuros, los de sus hijos, padres, tíos y demás familia que pudieran encontrar los hurones, perdón, Inspectores, en cuanto acabaran de husmear en todo su árbol genealógico. A no ser que.....y ya tardaba....
  3. ...Se pasara cagando leches (ellos dicen a la mayor brevedad posible, o sea ¡¡YA CACHOCABRÓN DEFRAUDADOR DELINCUENTE DE BAJA ESTOFA!!), por la Delegación más próxima a su domicilio para solventar este enojoso asuntillo y, en caso de ser posible, con los intereses de demora correspondientes (y no los que ya debe, sino otros más) fraccionar, aparte de su cuerpo en cuatro trozos, la DEUDA TRIBUTARIA en diez cómodos plazos, con los intereses correspondientes y una suculenta, aunque no exenta de justicia, multa.
¿T´has enterao Menelao?, pues ya tardas.

Y Menelao está desde entonces mirando una pared, mientras cuenta los poros del gotelé, en una residencia de Hermanitas de la Caridad, mientras su santa esposa recoge las muestras de donantes de esperma bajo una farola de una esquina, eso sí, en otro barrio, que solo faltaba que a su Menelao lo incluyeran entre los integrantes de la Cofradía de San Cornelio.

Así que espero que estos dos ejemplos, y hay muchos más, sirvan de ilustración a quienes, como ya hicieran con la cosa del Estatut, se fueron de campo, de playa, o de putas, o de chaperos, y dejaron que estos mangutas perpetraran la enésima capullez separatista.

Que en lugar de quedarse en casita gimoteando con la Montse lo duras y feas que se van a poner las cosas como ganen los nacionalistas.

O que en lugar de ir a votar a Massolini y la Pantera Rosa, convergente y unionista respectivamente en la miseria y el ridículo, además de en el trinque y la evasión.

En lugar de eso, les recomiendo que vayan a votar a quien les salga de la punta del nabo, o de la pepitilla, o de lo que tengan allí donde las ingles se vuelven más divertidas, pero no a ningún demente nacionalista.

Porque si no es así, por mí se pueden ir metiendo el fuet por donde amargan los pepinos, que así dilatarán lo suficiente para poder descorchar el cava.

Que ya está uno hasta las pelotas de que los catalanes no tienen la culpa, pero luego, o no van a votar, o votan en un 80% a los capullos de CiU, Esquerra y demás patulea Nazional-separatista, y lloran, siempre lloran.

El que avisa no es traidor, es avisador.


El mañana será suyo. Y la pasta, también.

Y que no acaben así...

1 comentario:

  1. Totalmente de acuerdo.

    Y es que cada vez estoy más convencida de que la única solución será largar a esta gentuza porque se haga lo que se haga o deje de hacer es como el cuento de la buena Pipa y la Historia Interminable.

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