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Después de haberse zampado unos cubatas, la mujer se da la vuelta, mira al hombre fijamente a los ojos y le dice:

"Oye, quiero decirte algo, yo jodo a cualquiera, en cualquier momento y en cualquier lugar, su casa, la mía, en el coche...no me importa. Simplemente me encanta.

El tipo, con una sonrisa de oreja a oreja, responde,

"¿En serio?, ¡yo también soy político!...¿a qué partido perteneces tú?

SALVEMOS AL TIO PEPE

SALVEMOS AL TIO PEPE
SALVEMOS AL TÍO PEPE.

viernes, 21 de diciembre de 2012

PUJOLBETH EN EL PAÍS DE NUNCA JAMÁS.

Las brujas de Macbeth atacan de nuevo.

Cierto es que aquellas que describiera D. Guillermo en su genial obra, allá por el 1606 de nuestra era, eran una brujas "comme il faut", cegatas como la justicia española; feas, arrugadas y resecas como una vicepresidenta cualquiera;  retorcidas casi como un nacionalista, mal vestidas pero sin llegar al esperpento de cualquier lideresa sociata reconvertida, o alguna pantera rosa con muletas.

Eran lo que se dice unas brujas, brujas con aspecto de brujas y con el oficio que se le supone a cualquier bruja de postín.

Con sus verrugas colgantes de la nariz aguileña, sus harapos negros, sucios y malolientes y con su mascota, que solía ser un gato tuerto sarnoso, y un buho haciendo méritos para formar parte del cuerpo de inspectores de hacienda.

Pero sobre todo, eran honradas brujas.

Más malas que un dolor de muelas en un sábado por la noche.

Pero cumplidoras y certeras en sus augurios.

Además, si cobraban, los estipendios corrían a cargo del consultante, normalmente el Barón, Conde, Duque o Señor del villorrio.

Normalmente dicho estipendio consistía en alguna parte de la anatomía del solicitante de sus adivinanzas, con lo que al populacho, no solo no le costaba un maravedí, doblón, o cualquiera de las monedas de curso legal de la época, sino que además, una vez pagado el óbolo, servía de comidilla para las tertulias de las largas noches invernales de aquellos tiempos, en las que solía hacer tal frío, que los grajos o es que volaran bajo, es que se dejaban la piel de los huevos (de los machos), o la de los labios (de las hembras), en el suelo, dado lo rasante de su vuelo.

Con lo que además se libraban del sálvame de turno. Por eso y porque no había televisión.

Y así llegamos a nuestros días, en los que el Rey loco de un país pequeñito, tan poco país, y tan pequeñito, que nunca fue país ni nada que se le pareciera, pero que como todo país que no es un país, también tiene un rey que no es rey, pero que a toda costa quiere ser rey en lugar del rey.

O al menos tener más pasta que el rey al cual quiere usurpar un trono que nunca existió, para poder llegar a ser rey de un país que tampoco existió.

¡Vamos que lo que quería era una pasta gansa!, y por supuesto, a poder ser, que ya se encargaría él de que pudiera ser, que la pasta la pusieran los demás; y además que los demás fueran los de la otra parte del país del que se quería ir, para que así, entre lo que esquilmara del país que nunca fue país, y lo del país sí que lo era, tuviera suficiente para llevarse del país que nunca fue país, tanto como para comprar la mitad de otro país; y así se podría retirar a vivir como Dios a ese otro país, porque el país del que quería ser rey, sería ya tan pobre y mísero, que ya no valdría la pena vivir en él.

¿Y los súbditos del nuevo país, que jamás llegaría a ser país?, ¿qué pasaría con ellos?.

Pues que serían más pobres que una rata desdentada.

En pocas palabras: ¡que les den por culo!.

Y como ese rey, además de feo y cutre; además de enano y desagradable; además de gargajoso y con más tics que un enfermo de corea de Hintington en un concierto de Metállica; además de todo eso es un hortera, en lugar de consultar sobre su futuro con una bruja al uso medieval, o al menos una de esas macizas putorras, que mientras te echan las cartas te enseñan un canalillo que más que un canalillo parece el canal de Suez, se me va a Andorra a ver a una pitonisa para que le adivine el futuro.

Y ni siquiera se trae una bola de queso del tío de la chistera, o un reloj de bolas; no.

El tipejo se me va a Andorra a que le saque los malos espíritus una bruja que se llama Adelina.

Eso, ya de entrada, no es serio.

Porque que una bruja se llame Adelina, como esa tía carnal que te regalaba caramelos pegajosos y te estampaba setenta morrazos en toda la cara, pringándotelos con un carmín que no saltaba ni con estropajo Ajax y salfuman; te pongas como te pongas, no es serio, no señor.

Si a eso añadimos que para extirparte los malos espíritus te pasa un huevo por el espinazo...

No, no es eso, no es que "la" Adelina, sea un travelo monohuevil que te sobe el escroto por la raspa, sino que cogía un huevo de ave...

¡A ver, coño, tampoco es que cogiera a un pollo por los cojones y te los restregara por la espalda!.

¡Un poco de seriedad!.

Lo que hacía la andorrana es coger un huevo de plumífero gallináceo y restregárselo por la columna vertebral al patriarca de los Pujol.

¿Y qué pasaba?, pues que después lo rompía y...¡joder como estamos esta noche!, lo que rompía era el huevo, no al enano, y si salía lo de dentro era de color negro, no es que no se hubiera lavado, lo que tampoco es descartable, que eso cuesta dinero, sino que se había llevado las miasmas de sus enemigos.

Y el enano que quería ser rey pagaba. Y cada vez pagaba más. Y claro, como en ese país que no era un país ya no quedaban ni pelotillas interdigitales que poder vender a los moros, para que tuvieran de quita y pon, pues se lo sacaba al tontaina de turno de Madrit, que para eso es el enemigo.

Y así, huevito a huevito, pues se ha hecho un capitalito.

El enanito y "la Adelina".

Y el enanito que quería ser el reyecito del paisito que no era paisito, en colaboración con sus vástagos, que como toda cría de alimaña, nace alimañita, crece como alimañita, y acaba como alimaña, aunque no crezca, fueron, no matando a sus enemigos, como mandan los cánones de la caballería, sino tal como los cánones "esgaeneros", robando, estafando, una palacete por aquí, una ITV por allá, que si me das un 3, que si te pido un 4, que si me das y no me voy, que si me voy aunque me des, pero si me das más no me voy todavía pero mañana vengo a por más y si me das no me voy.

Pero como en la obra de D. Guillermo, el bosque de Birnam ha llegado al castillo de Dunsinane.

Vamos, que un Harry Potter travestido en Ministro de Justicia, muy a su pesar, amenaza con cargar de pesadas cadenas, ayudado por su palanganero sacamantecas y vacíabolsillos, Sir Montoro.

Así llegamos a los últimos estertores dinásticos del reyecito de un país que no será país y de sus criaturitas, que a lo mejor acaban teniendo que entregar parte de lo saqueado para que el rey del país que sí que es un país, no se vea en la dura tesitura de tener que trabajar y tomar decisiones que le acarreen una injusta fama de implacable con el delito.

Pero, ¡mira tú por donde!, siempre hay un tonto útil que se mete en un fregao del que no sabe salir; y aparecen los Barones que, ante la posibilidad de perder el derecho de pernada y el sabroso porcentaje del saqueo y el pillaje, toman la decisión de romper la baraja, de mantenerse firmes ante el asedio del baluarte donde reposan los frutos del expolio hasta que lleguen las tropas del ejército invasor, con el convencimiento de que se rajarán ante el asalto y podrán constituirse en la nueva realeza.

¿Será porque conocen de lo melindre del asaltante?.

¿Será porque saben de que llegado el momento no habrá lo que hay que tener para entrar a sangre y fuego a poner orden y concierto donde hoy solo existe demencia y delito?.

¿O será porque saben que, ante el imperativo legal de que deben deponer su actitud dictado por los más altos Tribunales del país al que pertenecen, y al que tantos años llevan saqueando, siempre les quedará el socorrido recurso de apelar a la más antigua, recurrida y contundente ley del pequeño país que no es país, que viene a tener este enunciado: "Lo que tu me digas, me lo paso yo por el forro de mis cojones".

O ese otro artículo que dice literalmente: "si me aplicas el 155, pues por el culo te la hinco".

Ante lo cual, los mandos del, temido en el orbe entero, ejército del país que sí es un país, o al menos lo era, ya está haciendo acopio, para el brutal y despiadado asalto del paísito que no es un país, ni nunca lo ha sido, de todos cuantos tubos y tarros de lubricante anestésico existe.

El valor ante todo.

Y si  alguien ve a Pujolbeth restregarse las manos, que no piense que, como en la obra, se las lava continuamente por vérselas siempre tintas en sangre.

Es que se las está frotando de gusto.

La Adelina, su cuñada y una prima de Les Escaldes.



1 comentario:

  1. Esa dinastia, a la que ni don Guillermo ni el más tonto gacetillero británico dedicaría ni la mirada de observar cómo es, esa dinastia se ha creado un "Fondo de Reserva Espiritual" tan grande casi como la del Borbón, y todos entre Andorra y Chuiza.

    Hombre, mangantes y enanos siempre los hubo tanto en el país que existia como en el que nunca existió, pero lo que se dice en castellano con la palabra "gobernante" jamás hubo en Apaña tanto inutil acojonado junto.

    Desde que el moro chulo Miramamolín perdiera sus cadenas en unas Navas.

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