CITAS FAVORITAS

"...una nación bajo Dios, indivisible, con libertad y justicia para todos." (CONSTITUCIÓN DE LOS EE.UU)

Se puede engañar a algunos todo el tiempo y a todos algún tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo.
(ABRAHAM LINCOLN)

¿Y tú, por qué los quieres tanto? —Porque vigilan el muro. Y dicen: "nadie va a haceros daño esta noche. No durante mi guardia" (AGUNOS HOMBRES BUENOS).
ALICANTE DESDE EL MACHO DEL CASTELL
EL MIRADOR DEL PONOIG

POLOP DESDE EL PONOIG

POLOP DESDE EL PONOIG

SEGUIDORES FIELES

CITA POLÍTICA CON ENJUNDIA

Las casualidades en política no existen. Y si se produce alguna, es que está cuidadosamente preparada.

Después de haberse zampado unos cubatas, la mujer se da la vuelta, mira al hombre fijamente a los ojos y le dice:

"Oye, quiero decirte algo, yo jodo a cualquiera, en cualquier momento y en cualquier lugar, su casa, la mía, en el coche...no me importa. Simplemente me encanta.

El tipo, con una sonrisa de oreja a oreja, responde,

"¿En serio?, ¡yo también soy político!...¿a qué partido perteneces tú?

SALVEMOS AL TIO PEPE

SALVEMOS AL TIO PEPE
SALVEMOS AL TÍO PEPE.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

MÁS TONTO Y NACES MAS (PROVERBIO CHINO).

La sabiduría popular, expresada normalmente como proverbios o refranes, es inmensa.

El encabezado de esta publicación bien podría figurar entre los aforismos, dichos y diretes, de cualquier  gran pensador, e incluso de cualquier bobo de baba y moco, al que en un rapto de lucidez la neurona le hubiera hecho chispa.

Estoy seguro de que si cualquiera de los profetas menores del Antiguo Testamento, pongamos por caso el patrón de los pijos de Serrano, Oseas, se hubiera atrevido a enunciar esa obviedad,  se hubiera inscrito su nombre con letras de oro junto a los de Elías, Isaías, Ezequiel y Daniel.

Poco podía imaginarse cualquiera que un ser que hubiera evolucionado más allá de, pongamos un lemur oligofrénico, llegase a alcanzar cotas de estulticia y de ausencia de perspicacia tan elevadas.

Salvo si exceptuamos a personajes de  tan acrisolada memez como Federico Quevedo o Tomás Gómez, pero no estamos hablando de paramecios dementes.

O de la estirpe de los Sánchez Camacho, pero no hablamos de prosimios cotorroides.

Tampoco es que el personaje del que hablamos hoy sea de una lucidez mental excesiva; digamos que si su lucidez mental se midiera en unidades lumínicas, la comparación entre su intelecto y el de un protohumano de Neanderthal, sería como comparar una cerilla mojada con la iluminación del Bernabeu.

Siempre que no se trate de trincar el dinero del prójimo, porque en eso, su neurona le da sopas con onda a las de Einstein, Hawking y Bernard Shaw juntos.

Tampoco es que lo que le rodeaba a este aprendiz de bulto sospechoso, o pedazo de carne con ojos, una vez sumados sus coeficientes de inteligencia, superara excesivamente la barrera del cero absoluto.

Habrá quien diga, no sin cierta dosis de razón, que cómo es que seres cuyo escaso raciocinio haría enrojecer de verguenza ajena a una lapa esquizofrénica, han sido capaces de esquilmar, de roer, hasta el hueso más recóndito de la anatomía del Tesoro español.

Primero porque tampoco es que una hiena hambrienta de seis semanas tenga que tener el ingenio y perspicacia de Santo Tomás Moro, ni de Erasmo de Rotterdam, por poner dos ejemplos, para zamparse el cadáver de una jirafa; y segundo, porque tampoco quienes recibieron el encargo de velar por nuestros bienes y haciendas se caractericen, ni por el exceso de entendederas, ni por la fiereza de su carácter.

A lo más que se atrevieron fue a lanzarles a Doña Alicia, cosa nada baladí ni despreciable por el peligro que tiene como se te acerque y empiece a hablar, pero que como vea la posibilidad de aposentar el antifonario, y la figa le haga ventosa en el sillón de la leal oposición, firma hasta su sentencia de muerte, eso sí, ella vigilará celosamente que se cumplan los pactos, y si no se cumplen se irá al gato al agua a poner la cabeza como una olla de grillos a todo el que se atreva a sintonizar la cadena sin tener la precaución de tener el mando a distancia a mano para quitar el volumen.

Y allí, hablará, y hablará, y hablará, y hablará, y seguirá votando lo que le pongan delante.

Hace falta ser más tonto que un manojo de habas disléxicas para convocar unas elecciones después de putear al personal recortándoles hasta dejarles la sanidad en pelotas, mientras sigue subvencionando toda clase de pesebres y mientras tiene embargada hasta la sede del partido, por chorizos de Revilla.

Cómo será el apoyo a su gestión y su credibilidad, que muchos de quienes le auparon al poder hace apenas dos años, han preferido votar a quienes les arruinaron hace esos mismo dos años.

Y, por supuesto, no hablo de los sicarios de Rubalcaba, o de los palanganeros de la Chacón; ni siquiera de los macarras de la Valenciano, que con la pinta que me salió el otro día, parecía una camionera bollera recién salida de la prisión de Yeserías, expulsada por propagar malas costumbres entre las reclusas maltratadoras de tiernos infantes.

Me refiero a esa especie extras de película sobre la marcha de los camisas negras sobre Roma, reclutados en cualquier poblacho de mala muerte, después de desenroscarles la boina. A los terroristas de ERC reconvertidos en simples bestias pardas, o simplucios bastante bestias con camisa parda.

La Sánchez Camacho, cuando salió a comparecer ante los medios, mostraba tal estado de excitación político-sexual, secretaba tanto jugo vaginal, que las bragas debían pesarle dos toneladas, aparte de dejar un rastro de secreciones como si hubiera pasado una miríada de babosas sudorosas.

¡Un éxito total!, ¡no nos vamos a fiar, para nada!, peeeeeeroooooooo, si nos quieren, si nos necesitan, tres y sin sacarla, pero sin fiarnos un pelo.

Eso de sacar más escaños que Alejo, aunque con menor porcentaje, es que la pone de un cachondo, que hasta se le olvida el pequeño detalle de que de ser la tercera fuerza, han pasado a ser la cuarta.

Detalle nimio y baladí do los haya. 

Argumento de los derrotistas, que además argumentan que el Mussolini de opereta y la Pantera Rosa Coja pueden unirse a los terroristas reconvertidos para gobernar.

O a los otros vencedores de la noche, los adoradores de Carmeta, que no tienen el menor empacho en proclamar que ha sido todo un éxito el no acabar como pronosticaban las encuestas. Solo le faltó decir que seguían siendo vírgenes, aunque solo fuera porque el tamaño del manubrio era excesivo para el apretado ojete sociata.

Visto lo visto, y con la sola excepción de los chavales de Ciutadans, que se merecen lo mejor, cada día estoy más deseoso de que se convoque un referéndum, y que se vayan; y cuanto más lejos, mejor; y cuanto antes, mejor; y si se llevan a la loro, mejor; y si la Carmeta no vuelve por aquí, mejor.

Solo necesitan a los chicos de Pere, y ni siquiera a todos, solo a algunos, para tener los votos suficientes.

Cava ya se produce en Valencia.

Embutidos hay en toda España.

La pizza Tarradellas es de lo más abominable en precocinados.

Catalanes en el Barça hay cuatro y no creo que les haga especial ilusión acabar jugando la liga con el Mollerusa y el Palafrugell, y veríamos cuanto tardaba Messi en fichar por el Madrit.

Veríamos quién les sacaba a flote su pútrida banca.

Y quién pagaba sus dispendios.

¡Ya tardas Mariano!.

¿ O tú también eres más tonto y naces Mas?.


Más caras de felicidad imposible.










domingo, 25 de noviembre de 2012

CUIDADÍN PORQUE EN OCASIONES, LOS DESEOS SE HACEN REALIDAD.

Faltan menos de veinticuatro horas para que, posiblemente, se hagan realidad los deseos de una gran parte de la sociedad catalana.

Esa parte enferma de un delirio que les llevará, en el mejor de los casos, a tener que agachar los cuernos y seguir poniendo la mano en la cartera de los demás, si es que los demás nos dejamos meter la mano.

¿Y en el peor?.

Pues en el peor, peor, peor, que posiblemnte, y sin posiblemente, sería el mejor para España, tendrían su nación.

Esto de los deseos tiene su aquello, porque te puede pasar como a aquel señor que paseando por la playa vió medio enterrada en la arena una lámpara de bruñido latón.

La curiosidad le llevó a sacarla de la arena, y a contemplar admirado su moruno diseño (que solo por ese detalle ya debiera haberle hecho sospechar que nada bueno le podría suceder).

Mientras la contemplaba detenidamente, un pensamiento llegado desde el subconsciente, y que le transportaba a su infancia, llenó su espíritu de un gozo irracional mientras pensaba: ¿y si la froto y sale un genio y me da tres deseos, y me hago rico, y me transformo en un apuesto galán, y...y....y...

Y nada, pensat y fet que se dice por aquí, se dedicó con una  fruicción nacida del deseo y la avaricia a frotar convulsivamente la lámpara como si fuera otra cosa, a su edad algo más blanda.

Hasta que salió el genio, que como los españoles de los catalanes, estaba hasta las mágicas pelotas de que cada uno que pasaba por allí le pidiera tres deseos y le esquilmara hasta las pelusas del ombligo (los genios no son tan pulcros como pareciera viendo las pelis de dibujos).

Si te sale un genio con esa pinta de moro maricón, lo normal es esperar alguna putada.

Más que nada por lo del protocolo, se mordió la lengua por no mandar al enésimo gorrón a tomar por culo, y pronunció las consabidas palabras que tan felices hacían a esa piara de gorrones humanos: "Amo soy tu esclavo, pide ....(y aquí se lo pensó un instante y se dijo, ¿qué cojones, con uno va que se mata)...un deseo y te lo concederé de inmediato.

¿Cómo un deseo, pero si siempre han sido tres, exclamó airado el afortunado mortal. Bueno, eso y un: "mecaguenlaputa"; un: "tienecojonesla cosa"; un; "vaya mierda de genio, debe ser de la tienda de genios de los chinos"; y, como no podía faltar: "si llego a venir con mi mujer, seguro que hubiera dicho: "no, si ya me lo decía mi madre, no te cases con ese que es un pelagatos y un desgraciao".

Y fue al pensar en su mujer en tan delicados términos, porque no estaba con los amigotes para decir lo que realmente pensaba de ella (como defensa propia de lo que ella decía de él, que normalmente lo hacía en volumen de tirada nacional), cuando se le ocurrió la genial, nunca mejor dicho, idea.

Miró a un lado; miró al otro; miró tras de sí, y viendo que no había nadie alrededor, aparte de unos doscientos universitarios en brazos de morfeo, con las neuronas en tal estado de embriaguez que si les hacen soplar (si se consiguiera un pitorro de su tamaño) les quitan hasta el carnet de pensar (a veces), tras una de esas fiestas que celebran los jueves, y que a este paso van a tener que inventarse nuevos días de la semana para que vayan alguno a la Universidad, porque de seguir a este ritmo festero, la fiesta de fin de semana será los lunes.

Cuando se despierten de la cogorza de los domingos.

Bueno, como decía, como no vio a nadie, y pensando en su santa compañera de fatigas, a ver si así conseguía que por una vez se pusiera contenta al verle llegar, escarbó como un mihura presto a la embestida; carraspeó discretamente; hizo un gesto con la mano hacia el genio, que indicaba que éste se le acercara, y echando una última fugaz ojeada a su alrededor, a la vez que guiñaba un ojo con gesto de complicidad, le dijo al oido con voz trémula y salida de una laringe estropajosa: ¡Quiero una polla que me llegue al suelo!.

El genio, primero con una mal disimulada cara de falta de sorpresa, que inmediatamente trocó en una mueca maliciosa, mientras el demandante asentía repetidas veces, acabó aseverando solemnemente: ¡Así será, pues así lo deseas!.

¡¡¡Zas, y le cortó las piernas!!!. 

También estaba ese señor que era una de esas personas que desean durante toda su vida heredar una lujosa villa en la mejor zona residencial de España (que ya son ganas de vivir en algún sitio, habiendo como hay países civilizados), y que al recibir una carta de un estirado y conocido notario comunicándole el deceso de un lejano pariente al que conoció un día en que, por error, fue invitado a un cocktail de la alta sociedad, como digo, por error o porque como ya se habían insultado en tantas ocasiones entre si los allí reunidos, pues tenían que encontrar a algún tonto útil del que reirse, y así pasar la tarde, vio que podía hacerse realidad su deseo. 

Acudió presto y gozoso a la cita con la Fortuna con su mejor camisa y la menos hortera de sus corbatas, esa en la que los paramecios dorados sobre fondo fucsia no parecen estar bailando claqué; con la chaqueta de pata de gallo, pero sin la gorra de Pichi, que hay que dar un toque popular sin llegar al populismo chabacano; se lavó los dientes hasta que el sarro incrustado que no saltaba ni a tiros (más que nada porque la pasta de dientes de los chinos, elaborada con las cáscaras de las gambas del restaurante de la esquina, aparte de dejarte sus bigotes entre los piños, limpiar, lo que se dice limpiar, limpia poco, aunque barata sí lo es), pues saltó para dejar al aire unas desolladas encías, con un sonrosado color que hacía nacer la espranza de que quizá, y solo digo que quizá, el hueso subyacente tuviera unas semanas más de vida.

Durante el viaje en el ascensor, intentó, en vano, adaptar la cintura del pantalón a la suya, comprobando por enésima vez que la diferencia de perímetro entre el bajovientre y el prominente abdomen, fruto de la ingestión de casi tantos hectómetros cúbicos como el embalse de Entrepeñas, de cerveza checoslovaco-vietnamita del Lidle, o el Carrefour, que está riquiiiiiisima, como la Heineken y muchiiiiísimo más barata, era de algunos centímetros, siempre que el sinificado de "algunos" se aproxime a a las decenas de mil.

Así mismo, encontró la manera de cubrir, cogiendo con las manos el extremo de las mangas de la chaqueta, la falta de botones que se le habían caído hacía lustros, los mismos transcurridos desde la última boda, bautizo o comunión, a la que había acudido como invitado, y que en vano había intentado que se mantuvieran adosados a la prenda mediante el pegado con ese mejunje que los chinos llaman "cianoclilato", cuyo único parecido con el auténtico es su toxicidad, mejorada y aumentada.

Una vez que, tras mirarlo de arriba a abajo repetidamente, hasta convencerse de que lo que tenía delante no acababa de materializarse salido de una película de los años cuarenta del Madrid de la posguerra; la secretaria, una señorita de esas que quita el hipo, y otras cosas que normalmente ocupa, en forma de fluidos, el interior de ciertas glándulas, presentes tan solo en el género masculino, le indicó, no sin cierta reticencia adornada de desprecio, que podía penetrar en el sancta sanctorum del Señor Notario.

Éste, un señor de mediana edad, embutido en un traje gris marengo y con cara de hastío de tener que estar todo el día (los días para los notarios, en el más desfavorable para ellos vienen a tener unas dos horas y media de trabajo y diez más de contar su dinero, que es el de los demás) recibiendo a pelagatos como el que tenía delante, comenzó nada más pegar sus nobles posaderas al mullido sillón anatómico, ergonómico y jodídamente cómodo, a desgranar esa retahíla de la que nadie se entera hasta que le llegan las complicaciones.

Y las complicaciones para este pobre señor le llegaron unos días después cuando comenzó a recibir notificaciones: 

Una del Ayuntamiento local en la que se le comunicaba que se le acababa de embargar la cuenta corriente, mas bien vulgar y chabacana, donde tenía domiciliada su nómina (que viene de nominal, porque lo que es efectivo, nada de nada), y que ya estaba dándose con los talones en el culo para ir corriendo a anotar en la escritura de su próximamente embargada vivienda, la cantidad de...nosecuantoscientosdeeuros; o eso, o a pagar esa insustancial tasa de resíduos sólidos urbanos, IBI, vado, y todo aquello que en un futuro muy, muy, muy cercano, tuviera por conveniente imponer el munícipe reinante en pro de una ciudad más acogedora y humana.

Otra era de la Hacienda Autonómica que le indicaba en tono admonitorio que había sido agraciado con la obligación tributaria de depositar en las solidarias arcas de la Taifa unos despreciables miles de eurillos con los que contribuir al Estado del Bienestar (de los demás, porque siempre es de los demás), y que de no hacerlo, y ahora que el probo funcionario se daba cuenta de que no lo había hecho, vería incrementada su cuantía en un ínfimo 20% de recargo, más intereses, más gastos de letrados (se ve que el resto son iletrados), más lo que se les fuera ocurriendo, añadiendo a pie de carta que su imaginación no tenía límites, eso sí, con el adecuado lenguaje adminstrativo que tantas cajas de fortasec hace consumir al ciudadano tras su lectura.

De momento, lo que se les había ocurrido era eso del Impuesto de Transmisiones y Sucesiones, algo que lamentaba el Emir de la Taifa desde su púlpito en la ruinosa y arruinadora televisión autonómica, mientras con cara compungida proclamaba al éter donde habitan las ondas herzianas, que era el Estado Central el que les obligaba a ese impuesto injusto, pero que ya estaban en ello y en unos años lo arreglaban, pero de momento lo que arreglaban era el cuerpo de sus siervos.

Por último, al menos en esa remesa de magníficas noticias, llegaba la temida notificación de la Agencia Tributaria, que te los pone de corbata cuando la recibes porque, aunque sea para decirte que te devuelven dinerito (en el mejor de los casios seis meses después, y sin intereses de demora, y si los hay es de un 4 ó 5%, y no del 20 como el que te aplican a tí), y que le comunicaba que:

  1. Como quiera que no había devengado los justísimos y nunca bien ponderados impuestos autonómicos; que en tiempo y forma se le había comunicado su obligación de tributar (tiempo y forma que consistía en cinco minutos antes y por el mismo cartero que le daba a firmar el recibí de esta agradable noticia).
  2. Y como quiera que ya se había pasado cinco minutos desde que expirara el plazo para hacer efectivo el importe de la cantidad adeudada a la Hacienda Autonómica por Sucesiones y Donaciones y la paralela de la Hacienda nacional por el incremento del patrimonio, procedían al embargo de todas sus cuentas, y que como estas consistían en una mierda de cuenta ya embargada por el Ayuntamiento (aunque el banco, en un ejercicio de sarcasmo y mala leche la calficara de respetable y admirada y no sé cuantas mentiras podridas más), procedían al embargo de todos sus bienes presentes, futuros, los de sus hijos, padres, tíos y demás familia que pudieran encontrar los hurones, perdón, Inspectores, en cuanto acabaran de husmear en todo su árbol genealógico. A no ser que.....y ya tardaba....
  3. ...Se pasara cagando leches (ellos dicen a la mayor brevedad posible, o sea ¡¡YA CACHOCABRÓN DEFRAUDADOR DELINCUENTE DE BAJA ESTOFA!!), por la Delegación más próxima a su domicilio para solventar este enojoso asuntillo y, en caso de ser posible, con los intereses de demora correspondientes (y no los que ya debe, sino otros más) fraccionar, aparte de su cuerpo en cuatro trozos, la DEUDA TRIBUTARIA en diez cómodos plazos, con los intereses correspondientes y una suculenta, aunque no exenta de justicia, multa.
¿T´has enterao Menelao?, pues ya tardas.

Y Menelao está desde entonces mirando una pared, mientras cuenta los poros del gotelé, en una residencia de Hermanitas de la Caridad, mientras su santa esposa recoge las muestras de donantes de esperma bajo una farola de una esquina, eso sí, en otro barrio, que solo faltaba que a su Menelao lo incluyeran entre los integrantes de la Cofradía de San Cornelio.

Así que espero que estos dos ejemplos, y hay muchos más, sirvan de ilustración a quienes, como ya hicieran con la cosa del Estatut, se fueron de campo, de playa, o de putas, o de chaperos, y dejaron que estos mangutas perpetraran la enésima capullez separatista.

Que en lugar de quedarse en casita gimoteando con la Montse lo duras y feas que se van a poner las cosas como ganen los nacionalistas.

O que en lugar de ir a votar a Massolini y la Pantera Rosa, convergente y unionista respectivamente en la miseria y el ridículo, además de en el trinque y la evasión.

En lugar de eso, les recomiendo que vayan a votar a quien les salga de la punta del nabo, o de la pepitilla, o de lo que tengan allí donde las ingles se vuelven más divertidas, pero no a ningún demente nacionalista.

Porque si no es así, por mí se pueden ir metiendo el fuet por donde amargan los pepinos, que así dilatarán lo suficiente para poder descorchar el cava.

Que ya está uno hasta las pelotas de que los catalanes no tienen la culpa, pero luego, o no van a votar, o votan en un 80% a los capullos de CiU, Esquerra y demás patulea Nazional-separatista, y lloran, siempre lloran.

El que avisa no es traidor, es avisador.


El mañana será suyo. Y la pasta, también.

video
Y que no acaben así...

jueves, 22 de noviembre de 2012

SI ESTÁS HASTA LOS COJONES DE MARIANO, ARTURET, LA SÁNCHEZ CAMACHO, DE RIESGO Y SU PRIMA, Y DE LA PUTA MADRE QUE LOS PARIÓ....RÍETE UN RATO.












SI TIENES MÁS DE 40....YA SABES LO QUE TE TOCA.

video

LA IMPORTANCIA DE UNA FOTO EN EL CURRÍCULUM




 Hestimado Ceñor: 
Quiero candidatarme pra el lugar de cecretária que vi en el diário. Yo teclo muy rápido solo con un dedo y ago cálculos muy vien. 
Creo que soy hutil atendiendo el telefono, a pezar de no tener mucho estúdio. 
Mi salario esta abierto para discuzion para que usté pueda ver cuanto me puede pagar y lo que usté crea que merexco. 
Tengo condisiones de comensar imediatamente. Muchas grasias por su atension. 
Cinceramente, 
Catia Vanessa Estrella 
PS : Como o mi curriculo es muy chico, anecso mi foto. 

Respuesta Del Empresário: 
Querida Catia Vanessa, 
El empleo es suyo. Nosotros tenemos corrección automática del Word. Reúne Vd. todas las condiciones. 
¡¡ Comienza mañana mismo !! 


CONSEJOS PARA LOS USUARIOS DEL METRO          
     
  
   
Fíjate bien...  cómo agarrarse en el Metro
para no caerse...  
 

  


Me  refiero al señor en la puerta,  cojones ... !!!
  
   


Los indios de una remota reserva preguntaron a su joven y nuevo Jefe:

El próximo invierno será frío o apacible ??.

Dado que el jefe había sido educado en una sociedad moderna...,
no conocía los viejos trucos indios.

Así que, cuando
miró el cielo..., se vio incapaz de adivinar qué coño iba a suceder con el tiempo...

De cualquier manera, para no parecer dubitativo, respondió:

El invierno será verdaderamente frío, y los miembros de la tribu
debían recoger leña para estar preparados.

No obstante, como también era un dirigente
práctico, a los pocos días tuvo la idea de telefonear al Servicio Nacional de Meteorología.
-¿El próximo invierno será muy frío? - preguntó.

-Sí, parece que el próximo invierno será bastante frío
- respondió el meteorólogo de guardia.

De modo que el jefe volvió con su gente y les dijo:
Deberéis juntar todavía más leña, para estar aún más preparados.

Una semana después..., el jefe llamó otra vez al Servicio de Meteorología y preguntó:
-¿Será un invierno muy frío?
-Sí
 -respondió el meteorólogo- va a ser un invierno muy frío.

Honestamente preocupado por su gente, el jefe volvió al campamento...
ordenó a sus hermanos que recogiesen toda la leña posible,
el invierno iba a ser verdaderamente crudo.

Dos semanas más tarde..., el jefe llamó nuevamente al Servicio Nacional de Meteorología:-¿Están ustedes absolutamente seguros de que el próximo invierno será muy frío.

-Absolutamente, sin duda alguna - respondió el meteorólogo -
va a ser uno de los inviernos más fríos que se hayan conocido.

-¿Y cómo pueden estar ustedes tan seguros?


¡¡¡Coño....
porque los indios están recogiendo leña como locos y ellos saben mucho de ésto sin necesidad de aparatos. !!! 
  


Qué es ser un perro... pero de Bilbao.¡Oiga! 

   - 
¿Echar una meada en el poste de una central eléctrica? No

   
- ¿Dejar las ovejas sin lana virgen? NO

   
- ¿Pagar el primero la ronda de huesos? No  

   
- ¿Ladrar diciendo "mekagüendios" ?  NO

   
- ¿Tirar un trineo por todo el círculo polar ártico con moquillo y   ganarlo, aún estando cojo? NO 




   

Pues no. 

 

Ser un perro de Bilbao es esto:

 
 

 

¡Con dos coj...... !
 

 Casualidad.


 ¿No te ha pasado alguna vez que mirando a otra persona de tu misma edad
piensas que seguramente tu no puedes parecer tan viejo?

Bueno, leed esta historia :

Mi nombre es Alicia y estaba sentada en la sala de espera del dentista, era
mi primera consulta con él. En la pared estaba colgado su diploma, con su
nombre completo.

De repente, recordé a un muchacho alto, buen mozo, pelo negro, que tenía el
mismo nombre, y que estaba en mi clase de Santa Mª del Bosque, como 30 años
atrás. ¿Podría ser el mismo chico del cual yo estaba secretamente
enamorada?

Después de verlo en el consultorio, rápidamente deseché esos pensamientos.
Era un hombre calvo, su poco pelo estaba canoso, y su cara estaba llena de
arrugas, y parecía muy viejo como para haber sido mi compañero de clase.

Despúes de examinarme mis dientes, le pregunté si se había graduado en
Santa Mª del Bosque.
Sí, Sí, sonrió con orgullo.

Le pregunté: ¿cuándo te graduaste?
Me contestó, en 1980. ¿Por qué me lo preguntas?
Y yo le dije:  tú estabas en mi clase.

El me miró detenidamente ...
Y ENTONCES, ESE FEO, CALVO, ARRUGADO, GORDO, CANOSO, DECRÉPITO, MARICÓN, HIJO DE
PUTA, ME PREGUNTÓ:
¿ Y TÚ QUÉ ERAS, LA  PROFESORA? 



Una simple pregunta sobre el tráfico:


La mayoría de los hombres responderán correctamente!!!!


Pregunta:
 
Vas conduciendo por una vía estrecha donde ves una señal que pone
 PROHIBIDO ADELANTAR LOS SIGUIENTES 12 KM, al mismo tiempo te encuentras a un ciclista que va delante de tí ¿Qué haces?


(a) 
Conduces detrás del ciclista durante los 12 km o....

(b)
 Infriges la ley y adelantas?
¿Cual es la respuesta correcta? 



Sigue más abajo....





¿Para qué correr riesgos innecesarios ? ¿para que te multen?
 




















MASAJE CON FINAL FELIZ


video

martes, 20 de noviembre de 2012

MOROS EN LA COSTA.


Si echamos la vista atrás y oteamos en el pasado de los pueblos, nos damos cuenta de forma inmediata que entre todas las, iba a decir culturas….pero no; también iba a decir civilizaciones….pero tampoco; bueno dejémoslo entre los grupos de seres humanos, o así que diría un vasco, destaca inmediatamente, como una mancha de tomate en un vestido de novia, o una de…bueno de eso, en un vestido de Mamónica Lenguisky.

Miss Electrolux 2000W en plena demostración de potencia succionadora.

Todas las llamadas civilizaciones tienen en su origen, en su lugar de nacimiento, alguna proeza en el campo de las ciencias, o de las letras, y aunque también se dedicaran a la conquista de nuevos territorios, o bien permanecieron y evolucionaron, o al menos tuvieron la decencia de desaparecer sin dar demasiado la murga.

Pero mira tú por donde, la cosa de la morería, si bien en un principio dio ejemplo de científicos y poetas, y de puterío fino, seguramente por la cercanía de otros pueblos refinados, aunque guerreros como tocaba en aquellas épocas, llegó el bandarra de turno, el iluminado de turno, el fumao de turno, y sacó “tó lo que llevaba entro”, como una Lola Flores de alfanje y turbante.

Y se acabaron la poesía y las matemáticas.

Hasta que llegaron por estos lares; que no sé que coño pasa por aquí, que el que llega, desde los visigodos hasta nuestros días, aparte de trincar lo que puede del vecino, se dedica al “dolce far niente”, la versión italo-amariconada de rascarse las pelotas con fruicción; y ya se sabe que eso engendra poetas lánguidos y matemáticos ilustres, además de famosos galenos, especialmente si tienen a mano algún judío, cristiano que les hace la faena mientras se dedican a beneficiarse a la hurí voluptuosa, o al efebo complaciente. Después con arrancarle la nuez de cuajo por infiel, asunto solucionado, que ya vendrá en los siglos venideros algún progre a hablar de lo de la convivencia de las culturas y arreglara ese asuntillo.

Y una vez que los pérfidos visigodos, trasmutados en rudos y bestiales hijos de Madrit, los mandaron a ejercer su más logradamente refinada afición, o sea a tomar por culo, se acabó lo que se daba.

Y volvieron a lo que mejor se les daba, a pastorear cabras y a joder de manera inmisericorde a los hijos de Israel, que yo no sé que les hizo ese señor para que le tuvieran tanta inquina a su parentela; si dejamos aparte la enojosa cuestión de que no se resignaban a que les robaran sus tierras, que desde luego es que los hay tiquis-miquis.

Y así hasta nuestros días.

Basta echar un vistazo al mapa geopolítico actual para advertir un “no sé qué” en las naciones gobernadas por la morería, si es que se puede llamar gobernar a tener a toda la población medio día con el culo en pompa diciendo aquello de “Alá es sabio, Alá es misericordioso”, mientras encuentran la manera de sajarte el cuello por no tolerar que te rebanen el pescuezo. Porque la otra mitad del día se la pasan también con el culo cara al sol a la espera de un consolador…consejo de sus líderes espirituales, o de algún amigo...íntimo.

Y no sé yo bien por qué, pero tengo para mí que te puedes fiar más de la validez de un dólar de papel de estraza con la cara del Pato Donald, que de las intenciones de la morisma.

Recuerdo que en cierta ocasión, en una visita a un poblacho de esos que hay en Túnez, junto a Cartago, bueno, de lo que queda de ella, desde el momento en que pisé tierra tuve la extraña sensación de que me estaba jugando el pescuezo.

Primero, para salir del puerto, tenías que pasar por una siniestra oficina, donde, detrás de un cristal, sentada en una silla que debía ser la del hermano enano de Garbancito de la Mancha, miraba displicentemente una representante del género femenino, que bien podría haber sido la Pantoja sin depilar después de una noche de parranda, y que trincó el pasaporte mientras yo decía para mí, esta se lo da a uno de esos carabineros y se acabó el viaje antes de empezarlo, porque los susodichos parecía salidos de una película de muertos vivientes, eso sí, recién muertos.

Y no porque tuvieran un aspecto saludable de los primeros estadíos de la putrefacción, que cetrinos y algo verdosos sí que se les veía, sino porque tenían ese rictus del que todavía no se ha acostumbrado a que ya o pertenece al mundo de los vivos, y anda un tanto mosqueado con el personal circundante.

Lo que quiero decir con tanto circunloquio es que tenían cara de moro.

Con uniforme sacado de la guardarropía de una opereta italiana, pero con cara de moro.

Y eso impone. Porque un moro con uniforme es más peligroso que un abogado para el bolsillo.

Una vez sellado el pasaporte en la primera hoja que pilló, pasamos a la parada de taxis.

Tras un regateo a lo Messi, acordamos pagarle 60 euros por un recorrido por las cercanías, aunque he de aclarar que mi intento de regate lo segó de forma más bien expedita, a lo Ovejero, el avieso auriga.

El que nos cogió, y digo bien, porque allí no coges un taxi, el taxista te coge a ti, era un R-19 que no es que tuviera más mierda que el palo de un gallinero con gallinas con salmonelosis, es que tenías la no muy desacertada impresión de que tenía mugre de diez años antes de que lo fabricaran.

Eso por fuera, pero más por dentro, porque como las ventanillas de atrás no se podían abrir, pues se iba acumulando la que entraba por la del conductor.

Redecoración dinámica le podríamos llamar.

No es que oliera mal, es que la primera vaharada de tufo de camello mezclado con el del sobaco del conductor, y ese olor almizclado que da la grasa corporal revenida por el paso de los lustros sin conocer nada más húmedo que el viento del desierto, junto con el aroma a cuesco silencioso y traicionero, te provocaba una anestesia absoluta e instantánea de los cornetes.

De mecánica no andaba mal, si exceptuamos que para arrancarlo había que tirarlo cuesta abajo y que los amortiguadores ejercían su función con el mismo ahínco que Méndez ejercía, si es que alguna vez ejerció alguno, su trabajo, allá por la prehistoria.

La carretera era una cinta de asfalto, que una línea continua la separaba en dos carriles, y era continua porque no existía un solo centímetro sin pintar, cosa que no era óbice, ni cortapisa, para que adelantaran donde les saliera del papo. Pero una cosa sí que era de valorar, y es que cuando te encontrabas de cara a alguien adelantando, el conductor se tiraba a la cuneta sin un mal gesto ni una mala palabra en cualquiera de los idiomas, alemán, inglés, francés o español, que el audaz auriga chapurreaba.

Tampoco es que las señales de dirección prohibida causaran mella en la audacia del mecanizado. Supongo que en la autoescuela, que es el lugar donde pagan para que les den ese trozo de papel con una especie de gusanos que ellos aducen que se trata de escritura, muy apropiados para expresar por escrito esa especie de jerga mezcla de los “ejque” de Bono y los desesperados intentos del patriarca de los Pujol por arrancar de su rinofaringe las secreciones mucinosas, pollos o gargajos, y que algunos denominan “catalán”; pues supongo que en la autoescuela les enseñaran que hay unas cosas que son señales de tráfico, pero ellos que son el pragmatismo con patas, dirán con esa sabiduría oriental que tanto epata a tanto tonto útil occidental “si no ves a nadie, ¿por qué no vas a pasar?”.

Decía el cicerone-taxista, mientras corría como un poseso por las vacías carreteras tunecinas, no conté más de dos coches en todo el recorrido y fueron los dos que nos topamos de frente, el uno al lado del otro, que las mujeres tenían total libertad, y yo pensaba: “será para elegir entre viajar a pie, o andando, o qué le van a preparar de comida al moro”, porque por allí no se veía ni una.

Eso sí, me llamó la atención ver que en un bar, con una explanada en la que hubieran cabido holgadamente los espectadores del estadio de  Maracaná en una final de la Copa de América, todos los moros estaban sentados mirando en la misma dirección, hacia la carretera, y con unos caretos entre el de Jack el Destripador y el del estrangulador de Boston, con dolor de muelas de una semana.

Debe ser que es su cara de holganza y despreocupación, condiciones ambas de carácter permanente en un moro de bien, o sea que se dedica al mal todo el día y sin parar, ora pensando en la próxima putada que va a gastar, ora en cuando va a ser el mejor momento de perpetrarla.

Bueno dejémoslo en vagancia.

Tras asegurarnos que la catedral que se veía en lontananza podía albergar para sus rezos a cualquier cristiano que se atreviera a rondar sus cercanías, cosa que dada su natural querencia a exagerar, a exagerar las mentiras, me atreví osadamente a dudar, eso sí, prudentemente en silencio, llegamos a Cartago.

En unas salas pintadas al blanco gotelé sus desnudas, más bien en pelotas, paredes, tenían su albergo alguna que otra pieza de la antigüedad, llamándome poderosamente la atención una Victoria alada, sin cabeza pero con las tetas indemnes.

Pensaba yo para mí: una de dos, o esta es la sala de onanismo ritual (vamos, donde se la pelan hasta despellejársela) de la morería tunecina; o su estado de natural cansancio provocado por una idea que tuvieron en su infancia acerca del mortal pecado del trabajo, que les dejó exhaustos hasta el día de su fallecimiento, les impedía coger la picoleta y amputarle las protuberancias mamarias.

Me inclino por lo primero.

Paramos en un pueblecillo que de no haber estado poblado por moros, hasta hubiera sido acogedor y con encanto.

Nuestro guía nos condujo a una mansión en cuyo patio interior, parecido a un patio andaluz, pero con moros en lugar de súbditos de los Golfos Apandadores de la Junta.

Con esa acogedora hospitalidad de quien está pensando como sacarte los cuartos, me invitaron a un té, cosa que agradecí de inmediato, a pesar de que los brebajes de hierbajos me dan "cosa", una cosa parecida al asco, pero sin llegar al vómito, pero es que mi hidalguía llega hasta extremos insospechados.

Eso y que tenía la garganta como la lija.

Mientras el locuaz políglota conductor y un servidor echábamos un pitillo, de los míos por supuesto, porque otra característica del moro es su espíritu gorrón, unas gentiles damiselas, aunque con un parecido inexistente con las que aparecen en los grabados de las mil y una noche, preparaban el mejunje bebedizo.

En esto que, con mi natural torpeza, tan característica de los hombres cultos, aunque de maneras algo rudas para disimular su sapiencia y no avergonzar a los que les rodean, tiré el cenicero, en el que moraban colillas hasta de la época en que la que los turcos tomaron Constantinopla.

Queriendo remediar mi estudiado gesto de torpeza, hice además de arreglar el estropicio.

El taxista, espantado, afeó mi gesto, y con una serie de sonidos guturales que yo llegué a pensar que iba a tirar la laringe por la boca, llamó a la fámula que preparaba la infusión, y ésta se acercó  a nosotros y con unas hábiles manos, dignas de mejor faena (y no digo cual, que ya todos os la imagináis), con una de ellas amontonó primorosamente cenizas y colillas hasta formar una montañita comparable, salvando las distancias, que no eran muchas, al Mulhacén, mientras con la otra sujetaba el pebetero en el borde de la mesa.

Con gesto hábil y certera puntería, procedió a llenar de nuevo el cenicero, se sacudió las manos, y acabó de preparar el té

Y aquí, el menda, con dos cojones, se lo bebió cuando se lo sirvieron.

Un caballero, eso es lo que soy.

Llegados de regreso al puerto, con la nobleza que mi carácter imprime a mi conducta, y el acojone del momento, me dirigí al Ben-Hur, que con su cuadriga motorizada nos había deleitado con la tourneé (mientras escuchaba los estertores de la muerte de los jamelgos que movían los engranajes del motor) para pagar el estipendio acordado.

Y para sorpresa mía, el esforzado chofer-cicerone-gorrón, me dice que no, que le pague a “ÉL”, por señas.

Seguí la dirección del dedo que, como estatua de Colón, indicaba la dirección en la que debía mirar, y la verdad es que se me atragantó la saliva en la garganta, bueno, lo más ajustado para describir mi reacción sería que las pelotas se me descolgaron, rebotaron en el suelo y se alojaron a ambos lados de la tiroides, puganado el trío glandular por refugiarse junto a las amígdalas.

Delante de mí, o como dicen ahora las víctimas de la LOGSE: delante mía, como si delante fuera uno cualquiera de esos mil cacharros infernales con los que se dedican a enviarse mensajes, todo el día y sin parar, aunque les separe medio metro, pues a unos dos metros de mí, se alzaba una especie de mole, un armario ropero de seis puertas y sin barnizar; calvo como una bola de billar, con aspecto de luchador de pressing catch furibundo con el árbitro que le acaba de birlar ese cinturón que parece hecho con parte de las medallas de un Mariscal Soviético, y que se dirigía hacia mí con expresión de: “te vas a enterar, chaval”.

No hacía falta que el taxista dijera: “a él”, porque si en vez de entender que debía dirigirme a ese pedazo de carne con ojos, más parecido al carcelero del expreso de medianoche, que a un honrado sátrapa explotador de una flotilla de ruinosos taxis, entiendo que se dirigía al King-Kong depilado que tenía frente a mí, desde luego ahora no estaría escribiendo estas líneas, porque me hubiera entrado tal cagalera que me hubiera dado la vuelta como un calcetín.

Cuando la bestia parda se dirigió a mi cada vez más menguante persona, que no en mi valor, porque menguaba para adoptar una postura defensiva para saltar cual leopardo sanguinario al cuello de mi adversario en caso de advertir la más mínima señal de hostilidad por su parte, lo hizo para exigir un estipendio del doble de lo acordado, porque según su nada desacertado razonamiento (eso pensé en ese momento, mientras por el rabillo de los tres ojos buscaba un lugar por el que desaparecer con celérica presteza para evitar hacer objeto de mi justa, pero devastadora furia al moro. Ahora pienso que era un moro cabrón con alma de sociata), si éramos dos personas, el precio era el doble.

Impertérrito ante la insólita demanda del amo de la flotilla de camellos de la carretera, estólido como Leónidas ante Jerjes, conseguí hacerme entender por aquella muralla de músculos, mientras para mí decía: “macho, la has cagao, se acabó el crucero, esta noche estos cenan hamburguesa de alicantino”.

¿La táctica?, muy sencilla, la más vieja del mundo: negar siempre la mayor y echarle la culpa al otro.

Extendiendo el índice de la mano izquierda y señalando al pobre taxista (por una vez me dio pena un moro), conseguí articular: ese me dijo que eran sesenta euros, no ciento veinte.

Transcurrieron unos segundos que se hicieron eternos, como la eternidad que me temía se cernía sobre mí.

La bestia me miró como … como una bestia iracunda, como si de un momento a otro fuera a darle una apoplejía, cosa que hubiera agradecido los cielos toda mi vida.

Volvió su facies rubicunda y tensa hacia el taxista, y pensé: “los del otro crucero también comen hamburguesa, aunque sea de moro”, total se comen las de Burguer King, tampoco habrá tanta diferencia, y es que en esos momentos en que te encuentras tan cerca de ver la cara de Dios, se te ocurre cada cosa…

Después me volvió a mirar y…el muy hijoputa va y se rie, me da la mano, me coge los sesenta euros, y se va.

Yo creo que es que le di miedo. Sí, yo creo que fue eso.

Poco más o menos así vía yo a la bestia desde mi estratégica posición, previa al previsto ataque.