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Las casualidades en política no existen. Y si se produce alguna, es que está cuidadosamente preparada.

Después de haberse zampado unos cubatas, la mujer se da la vuelta, mira al hombre fijamente a los ojos y le dice:

"Oye, quiero decirte algo, yo jodo a cualquiera, en cualquier momento y en cualquier lugar, su casa, la mía, en el coche...no me importa. Simplemente me encanta.

El tipo, con una sonrisa de oreja a oreja, responde,

"¿En serio?, ¡yo también soy político!...¿a qué partido perteneces tú?

SALVEMOS AL TIO PEPE

SALVEMOS AL TIO PEPE
SALVEMOS AL TÍO PEPE.

jueves, 7 de febrero de 2013

EL POZO DE LAS SERPIENTES

Hay películas que hay que ver arrodillados en un reclinatorio.

Hay películas geniales.

Hay películas buenas.

Hay películas mediocres.

Y películas españolas modernas.

Pero no nos perdamos en clasificaciones, que después entran a comentar algunos amigos de los regímenes dictatoriales comunistas y empiezan a soltar la basura ideológica que la escasez de capacidad de trabajo de sus neuronas, al mismo nivel que su capacidad de trabajo, les impele a intentar adoctrinar a personas con un coeficiente intelectual normal.

Vayamos pues al meollo del asunto.

Entre las películas de reclinatorio, sector comedia, se encuentra una por la que se le concedió el Oscar al mejor actor secundario a Walther Matthau, haciendo de pareja con Jack Lemmon: "En bandeja de plata".

En este film, del maestro Billy Wilder, Jack Lemmon interpreta el papel de un reportero que durante la retransmisión de un partido de fútbol americano, es arrollado por un jugador que, al caer sobre él, hace que se golpee la cabeza y quede inconsciente.

A partir de ahí interviene su cuñado, Walter Matthau, abogado, y por consiguiente poco amigo de llegar al esclarecimiento de los hechos (como se dice en otra magnífica película: "A class of action"(acción judicial en España); los abogados no mentimos, solo decimos juiciosamente la verdad para conseguir la mayor confusión posible), sino más bien para conseguir el mayor lucro posible.

En una genial e hilarante interpretación, Matthau convence a Lemmon para que finja una lesión que le produzca una invalidez con la que sangrar a la compañía de seguros.

Como es normal, la compañía comienza a investigar el asunto mediante la realización de sofisticadas (para la época) pruebas médicas, y en un momento determinado se solicita la ayuda de un prestigioso doctor alemán, con aspecto de general prusiano, monóculo incluido, para esclarecer la causa de la parálisis del paciente.

Nada convencido de la veracidad de las limitaciones del paciente, el galeno germano especula sobre la posibilidad de utilizar un viejo y expeditivo método diagnóstico para determinar si el lesionado dice verdad, o miente, sobre su parálisis, y este método se conoce como el pozo de las serpientes.

El mentiroso cabrón (se desconoce si se llamaba Luis, e iba al bar de cenas).

Consistía este definitivo método en arrojar al lesionado al un pozo lleno de serpientes venenosas.

Si el paciente no podía, debido a su limitación, subir por el pozo, y era atacado por los ofidios hasta convertir su sangre en un torrente de veneno, era declarado inocente, hombre de fiar, honrado hasta las cachas y digno de elogios sin par.

Por el contrario, si trepaba cual tití perseguido por felino con gazuza de tres semanas, era vituperado por sus semejantes y condenado a una fría y húmeda mazmorra por el resto de su miserable existencia.

Este método tenía un pero, y es la dificultad que presentaba la prueba para que el examinado, si era inocente y reclamaba con razón y justicia, disfrutara de la recompensa merecida para indemnizar el daño sufrido en su persona.

¡Pero qué felicidad para sus deudos al comprobar que su pariente era un honrado ciudadano!.

Visto lo visto en estos días, en los que los acontecimientos políticos, desde los trinques desaforados de Pujoles y Griñanes, pasando por los Amymartianos (incluida la Soraya doliente), y acabando por la cúpula pepera, tiene a toda la ciudadanía de estos predios en estado de perpleja ira y cabreo doliente, cabe preguntarse si no sería conveniente aplicar el mismo método que propone el galeno alemán en la película para separar el grano de la paja, los honrados de los mangantes choriceros.

Este método presenta, no obstante, tres problemas que se me antojan de difícil solución:


  • El primero es el del espacio. Porque dar cabida en un pozo a tanto sospechoso, y cómplice silencioso, de tanto trinconeo enloquecido, conllevaría a tener que cavar un hoyo de dimensiones similares al que provocaría la caída de la luna sobre la Tierra, aunque parados que con gusto lo hicieran, no faltarían.

  • El segundo sería el de encontrar un número de sierpes lo suficientemente venenosas como para provocar el óbito o deceso, o en su lugar terribles sufrimientos durante el resto de sus vidas, a tanto manguta. Por no hablar del remordimiento de conciencia que las alimañas tendrían al ver que debían hincar el colmillo a un semejante, semejanta, o semejanto.

  • Y por último, tendríamos que poner un reparo nacido de la conciencia ecológica, y no sería otro que el de la protección de las especies animales, porque quizá las serpientes sean inmunes a su propio veneno, pero obligarles a suicidarse mordiendo a ciertos elementos, me parece de una crueldad infinita. O eso, o verse despojadas de sus pieles por los puestos a prueba para que estas acabaran formando parte de un monedero, cinturón o zapato hortera.

La verdad es que todo intento de encontrar hombres justos entre la morralla, siempre acabó de mala manera, y si no que se lo pregunten a Abraham cuando tuvo que interceder ante Yavé por el asunto de Sodoma y Gomorra. Al final del regateo, el pobre no pudo encontrar ni un solo justo, y ya sabemos como acabó la cosa.

¿Ni un hombre justo?, a tomar por culo del todo, maricones.

4 comentarios:

  1. Deben de quedar algunos justos de los que nunca jamás se han enterado lo que es POLÍTICA.

    Por tanto, habría que proponer como jefe de Gobierno a algún honrado churrero riojano y de ministros a sus familiares.

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    1. Muchas gracias por la dedicatoria Capi.

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    2. “Pero no nos perdamos en clasificaciones, que después entran a comentar algunos amigos de los regímenes dictatoriales comunistas y empiezan a soltar la basura ideológica que la escasez de capacidad de trabajo de sus neuronas, al mismo nivel que su capacidad de trabajo, les impele a intentar adoctrinar a personas con un coeficiente intelectual normal.”
      Hombre Capi,
      Un tío tan fascista como tú es imposible de adoctrinar en ideologías distintas al nacionalcatolicismo. Yo sólo entro aquí con el ánimo de trolear.
      ¡Un abrazo!

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  2. Capi, tienes razón, a lo peor se envenenan las pobres culebras con tanto político, y si no se envenenan seguramente mueren de indigestión.
    No fue Abraham quien no encontró un hombre justo, fue su sobrino Lot, pero en fin, todo queda en familia (como la corrupción sea de la sigla que sea, que aunque se tiren los trastos a la cabeza se entienden de maravilla porque todo queda en casa).

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