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Las casualidades en política no existen. Y si se produce alguna, es que está cuidadosamente preparada.

Después de haberse zampado unos cubatas, la mujer se da la vuelta, mira al hombre fijamente a los ojos y le dice:

"Oye, quiero decirte algo, yo jodo a cualquiera, en cualquier momento y en cualquier lugar, su casa, la mía, en el coche...no me importa. Simplemente me encanta.

El tipo, con una sonrisa de oreja a oreja, responde,

"¿En serio?, ¡yo también soy político!...¿a qué partido perteneces tú?

SALVEMOS AL TIO PEPE

SALVEMOS AL TIO PEPE
SALVEMOS AL TÍO PEPE.

lunes, 4 de febrero de 2013

¡¡ YO SOY BÁRCENAS...Y MI MUJER TAMBIÉN ES BÁRCENAS !!

Pasado el primer momento de justa indignación, de inevitable náusea y de unas locos deseos de hacerme un llavero con las pelotas de más de uno.

Pasado el primer momento de desesperanza ante la ausencia de visos de una mínima pulcritud y decoro en la actitud y la ejecutoria del partido de gobierno.

Pasado el primer momento de temor ante la que se podía liar en las calles si la oposición, encabezada por el portavoz de los GAL, el muñidor del 11 M, el agitador de masas descerebradas de los días posteriores a éste.

Pasado el primer momento de risa histérica al comprobar que en la dureza de los materiales ocupa el primer puesto, a años luz de cualquier otro, la cara de los dirigentes de la banda, cuadrilla o asociación de criminales y malhechores que en el mundo vieran los siglos, que es la formada por los dirigentes de un partido que consiguió, en un alarde de capacidad depredadora, dejar vacía hasta la caja de pensiones de los huérfanos de la Guardia Civil; y que en un ejercicio de osadía sin fin, es capaz de asombrarse de que en el oponente haya quien se forrara con el cobro de fondos de dudosa procedencia.

Pasados esos deliciosos momentos, me viene a la mente una escena de "La vida de Brian" en la que, para quienes no la hayan visto, o no se acuerden, se ve una loma sembrada de cruces a las que se encuentran atados varias decenas de personajes.

En un momento, antes de entonar a coro la canción central de la banda sonora, unos romanos se acercan a las  cruces e informan a los allí crucificados que tienen la orden de liberar a un tal Brian.

Comunicar la noticia a los ajusticiados y comenzar a proclamar cada uno de ellos: "Yo soy Brian", o bien "no, no yo soy Brian", es todo uno.

Pero lo más gracioso es cuando uno de ellos, al lado del cual se yergue la cruz donde se encuentra su esposa, con una sombrilla en todo lo alto, exclama: "Yo soy Brian, y mi mujer también es Brian".

Y claro, venírseme a la mente tan hilarante escena hace que, de forma inevitable, se me venga a la mente la frase que da nombre a este escrito.

¿Y por qué?, se preguntarán muchos.

Pues vamos a pensar, que en el fondo no es tan malo.

Dejando aparte a los prebostes del partido en el gobierno, sobre los que pesa la sospecha de un enriquecimiento injusto, ilícito, y hasta ilegal; y digo sospecha porque es de suponer que en un Estado de Derecho hacen falta pruebas, aunque en el fondo de nuestro corazoncito tengamos la certeza de ello; porque en un Estado de Derecho no es suficiente, aunque nuestro instinto nos diga que no puede ser de otra manera, que un mal bicho apunte en un cuadernillo (solo Dios sabe si desde hace años, o hace unos meses) unas entregas de dinero a otras tantas personas; bueno, pues dejando aparte a los dirigentes de ese partido, muchos en este estercolero en el que nos ha tocado vivir, podrían exclamar: "yo soy Bárcenas...y mi mujer también es Bárcenas".

Repasemos por un momento la legión de cargos que, desde que nos cayó encima esta putrefacta democracia, regida por un descendiente directo, a quién día a día hace bueno, de Fernando VII, el rey felón; y pensemos por un momento en qué tenían antes de entrar a gobernar y qué cuando dejaron la blanda y cómoda poltrona del poder.

¿Acaso no podría exclamar cada uno de ellos,  a voz en cuello: "Yo soy Bárcenas...y mi mujer también es Bárcenas?.

¿No podría exclamar, con voz gangosa, fruto de un frenillo traicionero y de hectolitros de espirituosas bebidas destiladas, y de estados postorgásmicos con cualquier suripanta de buen ver y mejor palpar, y de así hasta el infinito, nuestro monarca, el primero de los españoles: "Yo soy Bárcenas...y mi mujer también es Bárcenas?.

¿Es que quizá el trilero más afamado de Andalucía, Mister X, Don Fileso y sus secuaces, estarían inhabilitados para exclamar a voz en coro, cual Sabandeños, después de esquilmar las arcas del erario hasta hacerla brillar de tanto resobeteo en el ansia de encontrar y llevarse a la saca una jugosa soldada, esto de: "Yo soy Bárcenas...y mi mujer también es Bárcenas?.

¿Podemos dejar fuera de esta grey de barcenitas a quien, en el colmo de la locura por el boato que inculca el buceo en las profundidades del mar del poder, le llevó a casar a su hija en el Escorial, como si de un redivivo Felipe II se tratara; o a quién en un rapto de impudicia indisimulada exclamara aquello de que él estaba en política para forrarse?, ¿podrían ellos, y tantos y tantos de sus compañeros de viaje, exclamar: "yo soy Bárcenas...y mi mujer también es Bárcenas?, ¿o no?.

¿Y qué decir de esa especie de suricato demenciado que durante siete malditos años sumió a esta cloaca en la más negra de las ruinas, aunque lograra ocultarla a la mayoría de sus embobecidos y paniaguados habitantes hasta que llegara quién se comiera el marrón?.

¿Es que acaso no hay la suficiente diferencia entre su entrada al poder como, en el mejor de los casos, individuo (por ser generoso y benévolo en el tratamiento), y su salida como cuasipotentados, como para que puedan exclamar sin riesgo a ruborizarse: "Yo soy Bárcenas...y mi mujer también es Bárcenas"?.

Pero, con ser grave que esta casta política se haya puesto hasta las cachas de dineros, influencias, coches de alta gama, chalets y cuantas corrientes nada corrientes, me gustaría que quien esté libre de ser Bárcenas, igual que su mujer, o lo que sea, también sea Bárcenas, tire la primera piedra.

Porque claro, en un país donde son legión los parados que cobran el paro mientras trabajan en negro.

Donde son legión los empresarios que pagan en negro a los parados que trabajan en negro ientras cobran el paro.

Donde son tan abundantes los profesionales de la chapuza que nombrarles el IVA y colgarse una ristra de ajos al cuello, a la vez que se rocían de agua bendita, es todo uno.

Donde tantos y tantos cogen la cartilla de la abuela para sacar gratis hasta los anticonceptivos de las señoras de la casa.

Donde hasta en un pueblo de cuatro gatos te pueden pegar tres tiros unos sicarios del KGB por una concejalía de urbanismo.

O donde la media hora del café puede dar para hacer la compra en el Mercadona, y hacerse tan larga como si el preciado grano lo hubiera traído nadando un indio guaraní rodeando el cabo de Hornos.

En un país donde cumplir con la legalidad te puede convertir en el blanco de las chanzas y los chistes de las tertulias, donde sin lugar a dudas el comentario final sería: "yo para mí que es maricón".

En un país así, lo raro es que haya alguien que no pueda gritar a pleno pulmón: "Yo soy Bárcenas...y mi mujer también es Bárcenas".

Todos eran Bárcenas.




6 comentarios:

  1. Despues de leer tu genial post.Yo propongo que la capital de España no sea Madrid,si no Barcenas,jejeje,un saludo mi Capitan,

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  2. No creas, DON CAPI, que los demás mangantes que citas, desde los filesos a los vade retro del IVA, puedan decir tan facilmente tal frase "yo soy Bárcenas".

    Porque el tal desde que entró en Alianza Popular se propuso dos cosas y las consiguió ambas : forrarse y corromper a los más altos cargos, al tiempo que no dejaba un minuto quieto el lapiz de apunar a quien corrompía cada hora y cómo.

    Es por eso que el Rajoy puede hablar de declarar la guerra New Zelland del Sur pero no quiere ni oir hablar de QUERELLARSE CONTRA EL BARCENAS.
    Porque en tal caso saldría una inundación de información de corrupciones en su Partido.

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  3. ¡joder, qué perra tienes con el 11 M!

    Eres un demagogo estúpido.

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  4. Muy buen post, Capitán.
    Es verdad que aquí, en España, todos son Bárcenas. A cada cual más ladrón y saqueador que el anterior, multiplicado todo por 17 taifas y tropecientos ayuntamientos.
    Porque son todos, no tengas duda. En la Costa Dorada, de mafiosos del Este, los hay para dar y tomar... y los consistorios ahí, sin mover pieza, cobrándose, quizá, un buen precio a su silencio y manga ancha.
    Tú lo has dicho. Un par de tiros de un exagente de la KGB.
    Lamentable, pero cierto.

    Un saludo.

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