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Se puede engañar a algunos todo el tiempo y a todos algún tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo.
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Las casualidades en política no existen. Y si se produce alguna, es que está cuidadosamente preparada.

Después de haberse zampado unos cubatas, la mujer se da la vuelta, mira al hombre fijamente a los ojos y le dice:

"Oye, quiero decirte algo, yo jodo a cualquiera, en cualquier momento y en cualquier lugar, su casa, la mía, en el coche...no me importa. Simplemente me encanta.

El tipo, con una sonrisa de oreja a oreja, responde,

"¿En serio?, ¡yo también soy político!...¿a qué partido perteneces tú?

SALVEMOS AL TIO PEPE

SALVEMOS AL TIO PEPE
SALVEMOS AL TÍO PEPE.

jueves, 25 de abril de 2013

LA NOCHE DE LOS COJONES ROTOS.

Con tanto gilipollas, tanto cabrón malnacido, y algún que otro bienintencionado (no recuerdo en qué película se dice en un momento determinado: "Dios confunda a las buenas personas"), recitando como un Hare-Krisna, Hare-Hare, aquello de que vivimos en un Estado de Derecho (derecho, derechito a la fosa de las Marianas del desastre económico y moral); pues me ha venido a la cabeza (cosas de la edad, que pierdes la memoria reciente pero te acuerdas hasta de cuando te embutían los biberones) una conversación entre mi catedrático (adjunto, porque los valencianos se negaban en redondo a que hubiera universidad en Alicante) de farmacología y el de psiquiatría.

Hablaban del Estado de Derecho como si del maná de la travesía del Sinaí se tratara.

Todo se solucionaría cuando, una vez muerto de vejez, y de aburrimiento, ya hacía un año D. Francisco, se consolidara el Estado de Derecho, y ¡como no!, la Democracia; entonces tendríamos un auténtico Estado de Derecho, donde el Imperio de la Ley campara por sus respetos haciéndonos unos seres libres y puros, carentes de toda tentación.

Y pasado poco tiempo, no más de un año, se consolidó.

¡Vaya que si se consolidó!.

Solo que lo que se consolidó fue el cemento armado de la jeta de los políticos y sus huestes callejeras, que cual manadas de lobos hambrientos, llenaron nuestras calles de vociferantes masas de parias de la tierra hasta conseguir destrozar la economía y los principios de la sociedad.

Entregaron armas y bagages y se rindieron sin condiciones a una casta que a partir de ese momento no hubo un solo resquicio, ni una sola fisura, por donde no se infiltraran hasta conseguir dominar cualquier conato de sociedad civil.

Ahora, cuando echo la vista atrás, puedo observar la evolución de España en los últimos 80 años.

Y acojona.

Nadie, al menos nadie que no sea un descerebrado, un sicario o un esquizofrénico residual, puede negar la inmensa desgracia que supuso el advenimiento y gobierno de la segunda república.

A partir de la rebelión de media España (al menos de los que habían dejado vivos los democráticos Largo Caballero, Carrillo y demás libertadores), y de su triunfo de la mano de D. Francisco, se inicia un periodo de regeneración de España, con un despegue definitivo en el año 1959 con el plan de estabilización de Ullastres.

No se explican (aunque sea solo de boquilla) los ilustres mangutas que nos gobiernan, cómo con un solo gobierno, una sola nación, una sola bandera y una sola lengua, se pudiera conseguir llegar al año 1975, 36 años después del fin de la contienda, y de la república, sin que hubiera una revuelta popular en demanda de cosas tan esenciales como las autonomías, la democracia y el estado de derecho.

Claro que, después de otros 36 años, después de centenares de consultas electorales para ayuntamientos, parlamentos autonómicos, congreso y senado, y, ¡como no!, Europa, algunos van dándose cuenta de que si la ley debe ser igual para todos, ¿para qué cojones queremos 17 parlamentos?.

Si la democracia es el gobierno del pueblo, ¿por qué se pasan por el forro de los cojones nuestros representantes el programa electoral?. Al fin y al cabo éste es un contrato, y un contrato que no se cumple es nulo de pleno derecho.

Y si el Estado de Derecho es el respeto escrupuloso al Imperio de la Ley, a la vista de cómo actúa la justicia, interpretando las leyes a su antojo, dependiendo de a qué grupúsculo de politicastros deba su elección el Tribunal que ha de aplicarlas, no parece sino que esto sea un Estado de Derecho, sino más bien el Derecho a hacer con el Estado lo que les salga de la punta del campanillón.

Así he llegado a la conclusión, que no espero que se comparta, y a mis años me importa más bien poco, por no decir nada, de que la madrugada de un 20 de noviembre, en concreto de 1975, se produjo una noche de los cojones rotos, en la que se comenzó un acoso a quienes vivían tranquilamente, en un progreso más o menos acelerado, o más o menos pausado; en la que tomaron las riendas del "progreso" unos sindicatos que pretendieron cambiar las relaciones laborales, no para mejorar el estatus quo de los trabajadores, sino como en el caso de los políticos, para hacerse con un poder que les facilitara una vida muelle, eso sí, con el dinero de los demás.

Se atribuye a Manuel Fraga una frase, que como el que se la atribuye es Pedro Ruiz, un histriónico personaje con ínfulas de filósofo existencialista-cínico, que reza: "y al que no sea libre, le obligaremos a ser libre".

Lo mismo da que la dijera D. Manuel, o no, lo que realmente importa es que la aplicaron a conciencia,

Solo que el concepto que de la libertad tiene esta gente, digamos que no concuerda con el real.

Como no concuerda el de Democracia.

Ni el de Estado de Derecho. 

Y gracias a esa primera noche de los cojones rotos, ahora estamos donde estamos.

Tras, año arriba, año abajo, el mismo tiempo transcurrido desde que finalizara la guerra civil, hasta que se iniciara el primer escrache contra el Estado, que desde ese nefasto momento hasta nuestros días, ha sido necesario crear una interminable lista de instituciones, con los consiguientes parásitos, y fieles sirvientes de éstos, para darnos cuenta de que nos han robado la cartera.

La cartera, los pantalones donde la llevábamos, y los calzoncillos.

Y nos han dado por culo.

Pagando.

Pagando nosotros, claro.

Y ahora, en estos días, asistimos a una nueva noche de los cojones rotos.

¿Protagonistas?: los mismos. Bueno, físicamente no porque ya han muerto, a Dios gracias, casi todos, pero su espíritu reside en estos nuevos acosadores del Estado.

Y no me refiero naturalmente a aquellos que desde una postura cívica, pero firme, predican en el desierto de la inteligencia colectiva.

Me refiero a los que, con una clara y transparente táctica de agitprop estalinista, utilizan unos métodos (cuyos orígenes se encuentran en la Grecia y Roma clásicas) típicamente nazis, de las SA (Sturmabteitlung), con el acoso y señalamiento del adversario político.

Porque no nos engañemos, algunos de los que salen a la calle a la caza y acoso del político que no vota lo que ellos quieren, puede que sean afectados por un desahucio y estén desesperados, pero la mayoría, empezando por esa pseudoactriz del porno duro intelectual de la izquierda, son activistas puros y duros.

Bueno, lo de duros está por comprobar, y se comprobaría fácilmente si las fuerzas del orden actuaran como en cualquier país civilizado y democrático.

Existe entre la plebe un curioso concepto de lo que significa la Democracia, la Libertad y el Estado de Derecho, que consiste en que si se hace lo que ellos quieren, estos conceptos existen; pero si no, están legitimados para violentar la Ley hasta donde consideren necesario para obtener sus fines.

Pero si echamos un vistazo a los que concurren a tan jolgororiosos eventos, nos daremos cuenta, a poco que nos esforcemos, de que en esos cuerpos no puede existir una mente que sea capaz de pensar en esa estrategia.

Rectifico, que sea capaz de pensar. Punto.

Y luego tenemos a los que ponen los cojones para que se los vuelvan a romper, a los representantes del Estado.

Bueno, a una parte, a esa parte boba y melíflua, incapaz de tomar otra estrategia que la del borrego que va al matadero, y que en un alarde de valentía es capaz de matar a su verdugo...a lengüetazos.

Les acosan, y se disculpan. Y gimotean.

Sus adversarios (ficticios, porque todos son de la misma camada) justifican las acciones de las hordas que patrocinan, y gimotean.

Y los llevan al Congreso. Y gimotean porque les llaman asesinos.

Y los cercan en el Congreso, y gimotean, y solo se preocupan de que la Policía no se pase de rosca, que al fin y al cabo, en una situación semejante es lo normal.

Y las hordas roban en supermercados e invaden fincas particulares, y gimotean.

Y la patada en los cojones definitiva se la da el mandamás de esos jueces que ellos ponen, o no quitan, justificando el que una masa de piojosos, físicos e intelectuales, acosen, llamen asesino y llenen de pegatinas las casas de los diputados.

Porque, claro, el llamar asesino a alguien no es insultar.

Ni el apelmazarse como un grumo de leche en mal estado a la puerta de su domicilio es otra cosa que la sacrosanta libertad de manifestación.

Pues mire usted, como a mí no me gusta que en mi calle un grupo de perros rabiosos se manifiesten ilegalmente y me molesten, unque crea que muchos, muchísimos de los políticos se merezcan una temporadita de veinte años en una lóbrega mazmorra, quiero que se apliquen las normas del Estado de Derecho.

Y que los majen a palos.

Y de paso, ya que es libertad de expresión, y siempre será menos duro que llamarle asesino, y ya que nos han vuelto a romper los cojones al estilo nazi-estalinista con su inestimable ayuda, señor juez: "me cago en su puta madre".

Con el debido respeto a su santa progenitora B.

Lo que vino después no hace falta que lo expliquemos...¿o sí?.

1 comentario:

  1. Las costuras van a reventar en cualquier momento y entonces sabrán los lobotomizados éstos lo que es una extrema derecha de verdad. Mucho peor a estas alturas que las que instruyó Adolf.

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